800 balas como ejercicio intertextual

Por Joaquín Juan

En 800 balas (2002), Álex de la Iglesia demostró, más que en ninguna de sus otras películas, el amor que le profesa al cine. El largometraje es, sobre todo, un homenaje a las películas de vaqueros que se rodaron en Almería, concretamente en el desierto de 800-balasTabernas, donde hoy en día todavía perduran algunos poblados del Oeste que ofrecen su espectáculo a los turistas. 800 balas es, por tanto, un particular homenaje al western, y, sobre todo, al spaghetti‑western, esto es, a ese western europeo rodado fundamentalmente en Almería. Aunque se homenajean de forma explícita muchos títulos, se centra sobre todo en la Trilogía Dólar de Sergio Leone, esto es, Por una puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), todas ellas protagonizadas por Clint Eastwood.

El propio Álex de la Iglesia favoreció esa identificación al hablar de marmitako‑western en lugar de spaghetti‑western, lo que no dejaba de ser una broma. Lo que no fue una broma es el presupuesto que manejó, ya que lo que en principio iba a ser una producción modesta tuvo un presupuesto de cuatro millones y medio de euros, lo que no está nada mal para una película española. La idea surgió de una visita como turista a uno de esos poblados del Oeste, y a partir de ahí elaboró un guion sobre el personaje de Julián Torralba, un especialista envejecido que sobrevivía con ese espectáculo pero que había participado en algunos spaghetti‑westerns legendarios.

A lo largo de toda la película, resulta fundamental la estrategia de alusión, tanto a títulos clásicos del cine como a otros que suponemos inventados y en los que habría participado el ficticio Julián Torralba (un gran Sancho Gracia). 800 balas tiene mucho que ver con ese “cine de alusión” del que hablaba Noël Carroll, pues plantea al espectador un juego, el de reconocer algunas referencias, fundamentalmente los tres títulos de Leone interpretados por Eastwood. En cierto modo, es un pastiche, un cine de combinación en el que encontramos una mezcla de géneros, algunos de ellos ya moribundos o, por lo menos, guadiánicos. La película es un homenaje al cine de especialistas, que se opone al cine de efectos.

Hay intertextualidad en la primera escena de la diligencia, que recuerda a La diligencia de800 BALAS 03 para publ John Ford y a otros muchos clásicos del oeste. La música del principio es una variación sobre el tema principal de El bueno, el feo y el malo, compuesto por Ennio Morricone. Roque Baños, autor de la partitura original, juega mucho con las citas e incluye piezas propias de la tradición del Oeste. Tampoco faltan las escenas de saloon o los duelos, inevitables en casi todos los westerns. Esta intertextualidad se traduce también en un punto de vista técnico, con panorámicas, encuadres y paneos típicos del género.

En lo que respecta a la metatextualidad, en el film se citan muchas películas, algunas de ellas apócrifas, como Dos rifles y una tumba, protagonizada por Bo Derek y dirigida por un tal Val Petrof, pero otras reales, como las películas de Clint Eastwood o El Cid, Doctor Zhivago y Lawrence de Arabia, que, efectivamente, se rodaron en España. Además, el protagonista también se refiere a Patton. Ahora bien, más allá de estas citas, lo que hay es una referencia a un subgénero cinematográfico, el spaghetti‑western, cuyas características no solo se enumeran, sino que se ponen en práctica a lo largo del metraje.

Es una lástima que Clint Eastwood no quisiera participar del juego de Álex de la Iglesia, ya que su aparición en la pantalla hubiera sido una broma colosal. Con todo, sí aparece la voz de Clint Eastwood, ya que quien dobla a Eastwood al castellano es Constantino Romero y resulta todo un lujo poder escuchar a Constantino Romero decir “Yo era muy amigo de tu abuelo” con la voz de Darth Vader.

800-balas_sancho-gracia800 balas no es solo un homenaje al spaghetti‑western, sino también a los especialistas que realizan las más arriesgadas escenas de acción. El tiempo la ha convertido, además, en un homenaje a Sancho Gracia, Constantino Romero y Ángel de Andrés López, desaparecidos en 2012, 2013 y 2016, respectivamente. Como dice el personaje que interpreta Sancho Gracia, “ya no hay películas como las de antes”.

Spanish Western

Por Joaquín Juan

El pasado 8 de junio, El documental de La 2 emitió Spanish Western (http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-spanish-western/3628601/), un documental escrito y dirigido por Alberto Esteban que repasa la época de oro de las películas del oeste rodadas en Almería, sobre todo en el desierto de Tabernas, durante la década del sesenta y del setenta del siglo XX. Durante dos décadas, Almería se convirtió en tierra de promisión para los rodajes de exteriores de los spaghetti westerns, pero, poco a poco, ese plató natural fue languideciendo, si bien en los últimos años ha habido un intento por recuperar cierta actividad cinematográfica y por incentivar itinerarios turísticos relacionados con las películas rodadas allí.

Spanish Western es, fundamentalmente, un documental de testimonios en el que intervienen muchos de los protagonistas de aquella época, desde figurantes y extras hasta directores, productores y especialistas (Ricardo Palacios, Eugenio Martín, Álvaro de Luna, Paco Ardura, Román Gubern, Alfredo Mayo, Víctor Matellano y Juan Gabriel García, entre muchos otros). Cuenta también con entrevistas de archivo de gente como Sean Connery, Sergio Leone y Clint Eastwood, además de unas elaboradas animaciones que sirven para separar los diferentes bloques de contenido. En realidad, hay cinco bloques bien diferenciados: una introducción; la presentación de la realidad social de la Almería de la época, una de las provincias más pobres de España; el inicio de los rodajes; la llegada de Leone; y, por último, la época de la decadencia y el fin de los rodajes.

 

Al parecer, todo empezó con la película Oeil pour oeil (1957), dirigida por André Cayatte y protagonizada por Curd Jurgens. Eso sirvió como plataforma para dar a conocer el paisaje almeriense en el panorama cinematográfico internacional. Como muy bien señala Eugenio Martín en Spanish Western, Almería no solo supone un paisaje geográfico, sino también un paisaje humano, por la variedad de tipos y los rasgos de la gente que vive en una zona tan azotada por el sol. Buena parte de las películas del oeste que se rodaron durante esas dos décadas en Almería pueden considerarse cine de serie B, pero entonces llegó Sergio Leone y rodó sus westerns, que, si bien son considerados spaghetti westerns, lo cierto es que están valoradas entre las mejores películas de la historia del cine.

Aunque hace ya tiempo que el western vivió su edad de oro, se trata de un género guadiánico que reaparece una y otra vez. Desde hace cinco años, además, se celebra en Tabernas el Almería Western Film Festival, festival único en su género en Europa que, poco a poco, se ha ido consolidando y ya es una cita obligada en el panorama de festivales. De hecho, Spanish Western se proyectó allí durante la pasada edición del festival.

En fin, nunca es tarde para ir por primera vez a Fort Bravo, el plató de cine al aire libre más grande de toda Europa, que incluye una ciudad del Oeste y un poblado mexicano, donde se han rodado, entre otros títulos, La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, Sergio Leone, 1965), El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone 1966) o la más reciente 800 balas (Álex de la Iglesia, 2002), pero también se puede visitar el poblado del Fraile, actual Mini Hollywood, que acaba de cumplir cincuenta años, o acercarse a Western Leone, que tuvo su origen en el rodaje de Hasta que llegó su hora (C’era una volta il west, Sergio Leone, 1968). Larga vida al western.

Río Rojo

               Por Joaquín Juan

Solo los iniciados
conocen la geografía
íntima del western,
que necesariamente
ha de cruzar los ríos
Grande y Bravo
(dos nombres
para un mismo cauce),
Lobo, Conchos y Pecos.
Un poco más allá
quedan el Gran Cañón del Colorado
y el Death Valley.
Si le preguntan a John Ford
sabrán que los años
no dan sabiduría,
sino vejez.
Si le preguntan a Jack Beauregard
les dirá que siempre
hay un pistolero más rápido
en la hora del crepúsculo.

 

Todavía recuerdo que una vez,
hace ya muchas lunas,
existió el Oeste.

Un Óscar para Morricone

Hoy inauguramos la sección Ruinas de Babilonia, en la que aprenderemos muchísimo de cine de la mano de Joaquín Juan.

Joaquín Juan
Por Joaquín Juan

En la pasada edición de los Óscar, el compositor italiano Ennio Morricone (Roma, 1928) se alzó con la estatuilla dedicada a Mejor Banda Sonora gracias a su partitura de Los odiosos ocho (The Hateful Eight, Quentin Tarantino, 2015), que se impuso a las compuestas por Carter Burwell (Carol), Jóhann Jóhannsson (Sicario), John Williams (Star Wars. Episodio VII. El despertar de la fuerza) y Thomas Newman (El puente de los espías). No se trataba, en realidad, de su primer Óscar, pues ya le habían concedido uno honorífico a toda su carrera en 2007, pero sí el primero que lograba en competición.

enniomorricone_incontri_con_il_maestro_5_marzoNo deja de ser soprendente que Morricone, uno de los grandes compositores de la historia del séptimo arte, autor de más de quinientas bandas sonoras, no hubiera ganado hasta ahora un Óscar competitivo. Había obtenido, eso sí, casi todos los premios importantes de la industria, tanto en Europa como en Estados Unidos (tres Globos de Oro, seis BAFTA, diez de David de Donatello, dos Premios del Cine Europeo…), pero el Óscar se le había resistido, a pesar de haber estado nominado previamente hasta en cinco ocasiones, por Días del cielo (Days of Heaven, Terrence Malick, 1978), La misión (The Mission, Roland Josfé, 1986), Los intocables de Eliot Ness (The Untouchables, Brian De Palma, 1987), Bugsy (Barry Levinson, 1991) y Malena (Giuseppe Tornatore, 2000).

Hay también otro dato interesante referido a la banda sonora de Los odiosos ocho: se trata del primer western de Morricone después de cuarenta años. Y es que, no en vano, Morricone se hizo mundialmente famoso gracias a las bandas sonoras de los westerns de Sergio Leone: Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965), El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West, 1968) y ¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, 1971). Además, para ese mismo director compuso una joya como Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), de la que se puede afirmar que es una de las grandes bandas sonoras de la historia del cine.

Aunque Morricone ha trabajado para muchísimos directores a lo largo de sus casi sesentala-mision años de carrera (Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Gillo Pontecorvo, Sergio Sollima, Sergio Corbucci, Liliana Cavani, Don Siegel, John Carpenter, Richard Fleischer, Pedro Almodóvar, Margarethe von Trotta, Wolfgang Petersen, Mike Nichols, Oliver Stone, Adrian Lyne, Warren Beatty, Miguel Hermoso…), con quienes ha formado un tándem creativo casi insuperable ha sido con Sergio Leone y con Giuseppe Tornatore. Del director romano ya hemos hablado, pero para el director siciliano ha compuesto, hasta la fecha, muchas bandas sonoras, si bien la primera fue una gran declaración de amor al cine, Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, 1988), a la que siguieron, entre otras, las partituras de La leyenda del pianista en el océano (La leggenda del pianista sull’oceano, 1998), Malena (2000), Baaria (2009) y La mejor oferta (La migliore offerta, 2013).

Hasta cierto punto, supone un acto de justicia poética que haya sido Quentin Tarantino (gran admirador de Leone, pero también de Morricone, a quien homenajeaba de manera explícita en Malditos bastardos) quien haya conseguido un Óscar para Morricone. De todas maneras, con o sin estatuilla, Ennio Morricone es, desde hace muchos años, uno de esos nombres imprescindibles en la historia del cine, pues nos ha enseñado a amarlo con su música, que ya forma parte indeleble de nuestra memoria sentimental.Un Oscar