El puente de los espías (#CajasCríticas)

En 1957, Rudolf Abel (Mark Rylance), un espía soviético, es capturado por el FBI en Brooklin. James Donovan (Tom Hanks), abogado especializado en seguros, tiene la misión de defender su caso ante los tribunales estadounidenses. Si ya se enfrenta a un trabajo comprometido y complejo, la trama se complica aún más cuando los soviéticos capturan a un piloto americano y la CIA lo recluta para negociar un intercambio. Basándose enimages hechos reales y en plena guerra fría, Spielberg elabora, con un guión de los hermanos Cohen, una película redonda.Echaba mucho de menos guiones americanos con una trama psicológica y unos conflictos tan bien trabajados. En esta película nos situamos ante la lucha del hombre contra la humanidad y entre el valor patriótico, universal y personal de la justicia. Vemos a los personajes desenvolverse como si de una partida de ajedrez se tratase, con movimientos inteligentes, calculados y bien justificados. Por otro lado, el dibujo que hacen guionistas y director de los protagonistas y de la propia sociedad en la que se desenvuelven es sencillamente oscarizable. El perfil de los personajes está trabajado hasta el mínimo detalle, tanto el de los protagonistas como el de los secundarios, y ello nos ayuda a comprender e interpretar una época y una situación política y social que oscila entre lo estratégico y lo emotivo.

La película recuerda a algunos clásicos de Billy Wilder, incluso de Hitchcock, por su estructura, por el tono del argumento, por la ausencia de parafernalia postproductiva, por los tiempos o por la sobriedad de la fotografía.

Como colofón, Spielberg prescinde en esta ocasión de su amado John Williams y acierta con una banda sonora compuesta por Thomas Newman que se ajusta como un guante a la sobriedad de la historia. Pero no vamos a poner la película por las nubes sin reconocer el eterno defecto de este tipo puente-de-espías-1de producciones americanas: el elocuente patriotismo y, en consecuencia, la condena de ese “comunismo despiadado” que advertimos en escenas y encuadres en los que la hoz y el martillo sobrecogen al espectador con un fondo de tambores que bien podría acompañar a algún condenado al patíbulo, por ejemplo.

Estamos ante una película que, sin duda, hay que ver en el cine, delante de una gran pantalla y en plena penumbra. Se trata de una gran obra –el público y la crítica juzgarán si estamos ante un clásico–, y de una película, a mi entender, condenada a permanecer en nuestra memoria y entre lo mejor de nuestra cultura cinematográfica.

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Truman (con @bombitadarin y @javiercamara1)

El pasado sábado mi madre me llevó al cine. Como sabéis ando bastante encerrada estudiando oposiciones últimamente y dedico poco tiempo al ocio o a las relaciones sociales fuera del ordenador, qué triste. Pero mi madre me hizo una oferta que no podía rechazar, me dijo «te hace un cine + montaditos?» y claro, a ver quién dice que no. Le dije que eligiera ella la película y sacó entradas por internet. Una vez allí entramos a la sala y lo único que sabía era que el protagonista sería Ricardo Darín, cosa que ya para mí resultaba una garantía.

fotonoticia_20140515124812_800Truman -ese era el título de la película que empezaba a proyectarse frente a nosotras- habla de dos hombres a los que une la amistad desde hace muchos años, que han compartido casa, experiencias…pero que la vida -caprichosa- ha distanciado. Tomás (Javier Cámara) vive ahora en Canadá y Julián (Ricardo Darín) en Madrid. Cuando Tomás se entera, por la prima de Julián, de que este se encuentra en una situación crítica de su enfermedad decide coger un avión y hacerle una visita que durará cuatro días. -Destaco lo de los cuatro días porque saber este dato desde un principio ayuda al espectador a ir encajando momentos en un hilo temporal que parece que él mismo domina y ante las circunstancias que describe la película, a algunos nos ayuda tener la sensación de que vamos a poder controlar en cierto modo los hechos-.

En el momento en el que Tomás y Julián entran en contacto en la pantalla encontramos un elemento de conexión entre ambos que se llama Truman, y que no es otro que el viejo perro de Julián. A partir de este momento Truman va a tener un papel metafórico y elemental más que visual en el desarrollo psicológico de la trama.

A pesar de que Tomás inicialmente pretende hacer cambiar de opinióricardo_darin_y_truman_cortesia_19sep2015n a su amigo y convencerlo de que siga adelante con el tratamiento, la propia vida, el amor, la compasión -y los límites de la medicina moderna- le hacen abrir los ojos a una evidencia que el que no está en la situación muchas veces se niega a comprender.

Una película minimalista en términos de producción, magnífica a nivel de interpretación y mágica en el plano emocional, te lleva entre miradas y gestos a sucumbir con calma y elegancia al viaje final de alguien para quien seguro que es demasiado tarde para retroceder y demasiado pronto para marcharse.

Os añado un comentario personal en el videoblog y os invito a que nos dejéis el vuestro. ya sabéis que así seguimos haciendo comunidad y yo os lo agradezco ^^.