La pasión de Juana de Arco y el cine nórdico

Por Joaquín Juan

Tradicionalmente, la Historia del Cine considera que el cine nórdico abarca la filmografía de países como Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega e Islandia. Tuvo un momento de esplendor a principios del siglo XX, sobre todo cuando, a raíz de la I Guerra Mundial, predominó por encima del resto del cine europeo. El cine no sería el mismo sin directores de la talla de Ingmar Bergman o Carl Theodor Dreyer, pero no se trata de nombres aislados o de excepciones, sino de representantes de una industria que, con sus debilidades y modestias, se ha ganado a pulso su lugar en la Historia del Cine.

En el cine danés resulta fundamental el nombre de Dreyer, un auténtico perfeccionista de la técnica. La pasión de Juana de Arco (1928), Vampyr (1932) y Ordet (1955) son obras maestras indiscutibles del séptimo arte. Dreyer es un director que consigue altísimas cotas artísticas en sus películas. Él mismo es danés, pero de madre sueca, lo que marca un poco su biografía, y de ahí que uno de los temas angulares de su cine sea precisamente la intolerancia, que es, al final, el tema que preside La pasión de Juana de Arco (1928), película rodada en París entre 1927 y 1928. Desde una perspectiva cristiana –pero no integrista–, Dreyer trata sobre la religión con un espíritu crítico.

La pasión de Juana de Arco es una película deslumbrante, cuya narración se basa prácticamente en primeros planos. En realidad, se trata de una película de juicios, ya que resume en una sola jornada todo el proceso contra Juana de Arco, conocida como la Doncella de Orleans. El tiempo, por tanto, está condensado, pero también el escenario: una sola jornada, repartida entre la sala del tribunal, la celda de Juana, la sala de torturas, el cementerio y la plaza donde la queman. La luz es una de las características de la película, y se basa fundamentalmente en los blancos y los negros, dentro de una decoración mínima, muy austera, incluso en las propias vestimentas de los personajes. La dirección de actores es fundamental, ya que lo expresan casi todo a través de primeros planos. La interpretación de la actriz que hace de Juana (Marie Falconetti) es francamente espeluznante, pues va mostrando, a lo largo del metraje, una gran evolución.

El negativo original de La pasión de Juana de Arco, al igual que la protagonista de su historia, fue pasto del fuego y vuelto a montar con tomas alternativas. La película, durante más de medio siglo, llegó mutilada al público, hasta que, milagrosamente, se descubrió una nueva copia del original en 1984, en una institución mental noruega, y se reconstruyó la versión con los intertítulos en francés. El director de fotografía fue Rudolf Maté, uno de los grandes directores de fotografía de los inicios del cine, reconvertido, a partir de finales de la década del cuarenta, en director. Entre los actores destaca, además de la mencionada Falconetti, Antonin Artaud, como el joven clérigo Massieu, que contrasta poderosamente con el resto de miembros del tribunal.

La película empieza mostrándonos los papeles del proceso contra la Doncella de Orleans. Ala_pasion_de_juana_de_arco-984394059-large partir de ahí, se construye la narración basándose en primeros planos y primerísimos planos, lo que a veces llega a deformar la cara de algunos de los jueces, o a situarlas casi fuera de plano. Juana está sometida en todo momento a la palabra de los jueces, que intentan tenderle trampas para que abjure de su encuentro con Dios o para que confiese que ha sido enviada directamente por Él, lo que supondría una blasfemia. La acción se sitúa en 1431, en Rouen, donde un tribunal eclesiástico controlado por los ingleses ha emprendido el proceso judicial contra Juana. La película es muy austera y se basa fundamentalmente en las expresiones de los personajes; y entre todos destaca la pobre Juana, casi siempre en picado, que se enfrenta a todos esos jueces, casi siempre presentados en contrapicado.

Juana desconcierta a los jueces, ya que esta joven de diecinueve años, que no sabe leer ni escribir, a veces es mucho más brillante que los jueces. En realidad, La pasión de Juana de Arco es una película de juicios en la que se ataca todo tipo de intolerancia. El guion de la película se basó, al principio, en la biografía de Joseph Delteil, de 1925, pero, al final, quien participó

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muy activamente en su redacción fue Pierre Champion, quien había descrito con todo lujo de detalles el proceso contra Juana de Arco en un texto de 1921. En el momento en que Dreyer estrena La pasión de Juana de Arco, el personaje ya había merecido otras versiones cinematográficas a cargo de Georges Hatot (1898), Georges Méliès (1900), Albert Capellani (1908), Mario Caserini (1903), Nino Oxilia (1913) y Cecil B. De Mille (1917). Pero Dreyer filmó otra cosa, no la vida de Juana de Arco, sino que retrató la intolerancia y el despotismo de unos jueces contra una joven mujer. El juicio duró veintinueve jornadas, pero en la película de Dreyer quedó reducido a una sola.

Henry Agel se ha referido a esta película en términos de “poema litúrgico”, mientras que Lo Duca habla de “drama místico”, pero, por encima de todo, La pasión de Juana de Arco es una película totalmente humana, en la que lo humano de Juana contrasta con el fanatismo inhumano de sus jueces. Hoy en día, La pasión de Juana de Arco es un monumento a la supervivencia del arte que se erige contra cualquier fanatismo. En el cine nórdico, además, tiene un carácter, si no fundacional, sí, al menos, icónico, ya que ha marcado un estilo, una técnica y, sobre todo, una determinada forma de hacer cine.

PARÍS, 1924

Por Joaquín Juan

PARÍS, 1924

El señor Abrahams es ambicioso,
judío y muy exigente consigo mismo.
Eric Liddell es un hombre íntegro
y comprometido con su labor de misionero.
Lord Andrew Lindsey es rico,
snob y despreocupado.
Los tres han ganado dos oros
y una plata
para Su Majestad
en las Olimpíadas de París.

Corría el año 1924
y los primeros deportistas profesionales
se abrían paso en un mundo amateur.

ALL THAT MUSIC

Joaquín Juan
Joaquín Juan

ALL THAT MUSIC

Bienvenida a Xanadú,
donde nos espera Gene Kelly
para mostrarnos los modos
de la felicidad:
ser americano en París,
cantar bajo la lluvia,
visitar alguna vez Brigadoon,
emocionarse con West Side Story,
acompañar a Judy Garland
por un camino de baldosas amarillas,
vivir la Era de Acuario,
ser habitual de cualquier cabaret,
estar presente en la corte de Camelot
y, cómo no, en ocasiones,
tomarse un bellini en el Moulin Rouge.

Bienvenida al lugar
donde se cumplen los sueños;
déjate llevar por todo ese jazz
y cruza conmigo
este particular Paraíso.

 

Si yo fuera rico…
A fin de cuentas,
los dos sabemos
que tú eres Ginger
en una película
en la que yo soy Fred,
y que, cuando acabe esta escena,
bailaremos juntos
el último vals.

 

Oh, Marcel.

Por Eduardo Boixeduardo Boix

Siempre me he sentido muy afrancesado. Soy un enamorado del país vecino, de sus vinos, de su gastronomía, de su cine, de su literatura, de su música y de, tal vez, su forma de entender las revoluciones. Francia es para mi la Camelot moderna. Una suerte de lugar emblemático y soñado, donde las ilusiones se pueden hacer realidad. La punta del icerberg de todos los anhelos, la patria de los que creemos que alguna vez podremos tener, aunque se aun poco de ellos.

Alicante capital y provincia, es y ha sido, gran acogedora de franceses anónimos, conocidos o reconocidos. Somos la patria chica de muchos de ellos y nos podemos sentir orgullosos, de poseer los bistrós y restaurantes franceses mas selectos del territorio nacional. Pero hoy vamos a hablar de uno concreto que desapareció hace poco tiempo. El Bistró de Marcel Cerdán regentado por René Cerdán, segundo hijo del boxeador, estaba situado en la Plaza de Gabriel Miró. Aquel restaurante era todo un mausoleo del Bombardero marroquí, que asi era conocido el púgil nacido en el «Pequeño París» de Sidi-Bel-Abbès (Argelia) el 22 de julio de 1916. Marcel nunca ocultó su españolidad, de la que se sentía muy orgulloso, es más, en su biografía dice que su comida favorita son las migas de Aspe que le preparaba su abuela María, oriunda de la localidad del valle de las uvas.

Quiso la vida que el amor, un gran amor, se cruzase en su vida. Edith Piaf y Marcel Cerdán se conocieron en 1948 en Nueva York. Los dos estaban en la parte más alta de su carrera, eran famosos y se amaban profundamente. Aquel mismo año Cerdán se proclamó campeón del mundo de los pesos medios en un combate contra Tony Zale celebrado el 21 de septiembre de 1948 en el Roosevelt Stadium de New Jersey. El reencuentro con aquel amor fue el que le mató. La madrugada del 27 al 28 de Octubre de 1949, en el trayecto Paris-Nueva York el avión en el que volaba Cerdán para encontrarse con su amada, se estrelló sobre el Pico da Vara, una montaña de la isla de São Miguel, en el archipiélago de las Azores. Aquel suceso sumió a la cantante francesa en una profunda depresión que la hizo adicta a la morfina. Su grito fue el Hymne a l’Amour, posiblemente una de sus canciones más célebres. No pudo ganar aquel combate, el amor no todo lo pudo y quedaron los dos grabados por el tiempo.

París, postal del cielo

De Jaime Gil de Biedma

Ahora, voy a contaros
cómo también yo estuve en París, y fui dichoso.

Era en los buenos años de mi juventud,
los años de abundancia
del corazón, cuando dejar atrás padres y patria
es sentirse más libre para siempre, y fue
en verano, aquel verano
de la huelga y las primeras canciones de Brassens,
y de la hermosa historia
de casi amor.

Aún vive en mi memoria aquella noche,
recién llegado. Todavía contemplo,
bajo el Pont Saint Michel, de la mano, en silencio,
la gran luna de agosto suspensa entre las torres
de Notre-Dame, y azul
de un imposible el río tantas veces soñado
It’s too romantic, como tú me dijiste
al retirar los labios.

¿En qué sitio perdido
de tu país, en qué rincón de Norteamérica
y en el cuarto de quién, a las horas más feas,
cuando sueñes morir no te importa en qué brazos,
te llegará, lo mismo
que ahora a mí me llega, ese calor de gentes
y la luz de aquel cielo rumoroso
tranquilo, sobre el Sena?

Como sueño vivido hace ya mucho tiempo,
como aquella canción
de entonces, así vuelve al corazón,
en un instante, en una intensidad, la historia
de nuestro amor,
confundiendo los días y sus noches,
los momentos felices,
los reproches

y aquel viaje -camino de la cama-
en un vagón del Metro Étoile-Nation.