La información

La información

Lo que sigue a continuación es una historia de espías: las cosas que se relatan aquí suceden y volverán a pasar, aunque rara vez se publiquen. El protagonista real del relato es la información. Se trata de obtenerla, no de impartir justicia ni meter a los malos entre rejas.

Normalmente, y para los que se ocupan de inteligencia exterior, se busca la información de interés estratégico. Los que trabajan en contraespionaje intentan parar las amenazas con ella. Desde el comienzo de los tiempos, la información ha sido la mercancía más cara que existe, y también la más barata: puede valerlo todo, incluso no tener precio por su extraordinaria importancia. O no merecer ni el tiempo de escucharla o leerla. La información no es necesariamente la verdad. Es posible que, en un momento determinado, ni siquiera exista tal cosa, solo la información en sí misma. Echen un vistazo a la definición léxica de información. Es bastante insuficiente si tenemos en cuenta que se trata de un producto mucho más preciado que el afamado petróleo. Así es: la información puede hacer que, algún día, ese combustible no sirva para nada, ni nada justifique el soportar durante un solo minuto su mal olor.16 

La información es un producto altamente inestable, cambiante y multiforme. Su poder suele ser efímero, como una escultura de humo tallada en el aire. Y está íntimamente asociada a la confianza. Puede inventarse de la nada, y también puede inducirse. Es posible llegar a creer erróneamente que, después de trabajar duro, hemos conseguido probar la hipótesis a la que dimos vida en nuestra cabeza y en la de nuestros colaboradores, pero que no tenía que ver con la realidad. A eso se le denomina efecto Pigmalión.

La gestión de este fenómeno forma parte de las tareas habituales de cualquier servicio de inteligencia. Pero también afecta al día a día de nuestras vidas; a veces, durante un corto periodo de tiempo y, en ocasiones, a lo largo de toda una existencia.

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