Mal

Mi frase favorita: ¿qué haces despierta a estas horas?
Creo que es la pregunta que más veces me han hecho en mi vida.

Soy insomne por naturaleza; da igual las horas que haya trabajado, los kilómetros que haya recorrido o la buena voluntad de ser una chica sana, no me duermo hasta las mil.

Sí, he consultado con médicos, psiquiatras, gurús, brujos y santeros. Hasta pedí a Papá Noël en una ocasión que en vez de cosas me trajera sueños, pero en el sentido literal de la palabra. Ni con esas.

Aunque, como casi todo en esta vida, el insomnio tiene una o varias cosas buenas: las horas muertas en la cama son ideales para leer, ver series, pensar, crear, comerte la cabeza, rumiar…mejor no sigo, que me voy a lo que no iba.
Lo que en realidad quería decir es que por las noches nos volvemos más creativos para lo bueno y para lo malo. Yo, por ejemplo, tengo la manía de darle al blog de madrugada, de renovar las webs, de escribir… también me gusta mirar a mi perro mientras duerme; tan feliz, tan ajeno a todo.

Pero nos volvemos también creativos para lo malo y, no dormir lo suficiente y no dormir a tiempo facilita que veas todos los puntos oscuros de tu realidad mucho más oscuros e incluso impracticablemente oscuros. Vamos, que por la noche los problemas se vuelven enormes, que los conflictos no tienen arreglo y que el dolor se vuelve insoportable. La noche debilita los corazones, dice Ismael Serrano y, por lógica, los insomnes somos mucho más vulnerables que los demás.

Hace años que trato de buscar estrategias que paren la rumiación nocturna. Porque me di cuenta de que lo que por la noche era un problema insalvable por la mañana ni siquiera era un problema. ¿Habrá mayor pérdida de tiempo que rumiar lo que no existe? El maldito «Y si» al que dediqué un artículo hace años sigue atacando. Así que decidí no pensar y dormir escuchando una serie de fondo, o la radio, o un podcast.

Tampoco sé lo que es dormir con tapones porque solo la idea de pasar horas escuchándome a mí misma con mis lamentos me resulta angustiosa. Parece que cuando uno se para a pensar en la cama solo ve las cosas que pueden salir mal y, obviamente las cosas, a veces, salen mal. Pero no por pensarlas tanto van a salir peor, o eso quiero pensar, aunque a estas horas pienso mal. Entrar en ese bucle podría hacer que una desarrollase también un miedo patológico a ir a la cama porque, en su caso, ir a la cama también sale mal. Las cosas salen mal, este artículo sale mal…y las noches a veces son una mierda. Pero oye, que yo hoy tampoco estoy tan mal.

Los insomnes, me dijo alguien el otro día, que tenemos una sensibilidad especial. Habrá que quedarse con eso.

Atormentando, que es gerundio

Hay noches como hoy, en las que me dan las cuatro de la mañana haciendo números, corrigiendo textos, actualizando redes sociales, atormentando a proveedores con mails que verán dentro de dos días porque estamos en jalogüín… en fin, cosas que pensaréis que podría hacer a otras horas pero que no puedo hacer porque, efectivamente, a otras horas también las estoy haciendo.

Lo que venía a contar es que no sé muy bien que contar, pero me viene estupendamente hablar con alguien que leerá este post pero no contestará nada. Es una forma cualquiera de expulsar a los fantasmas que lleva una dentro antes de irse a la cama -una forma sana-, en otras épocas no fui tan comedida.

El caso es que estaba aquí ya con mis ojos absolutamente secos y el nivel de consciencia -iba a decir en decadencia, pero no, en decadencia estaba hacer un par de horas-…bueno, el nivel de consciencia de encefalograma casi plano porque de pronto me he dado cuenta de que estaba sonando una música que venía de detrás de las pestañas del navegador -hecho imposible porque los altavoces están más cerca que la pantalla, pero lo de las alteraciones de perceptivas ya lo comentaremos en otro post-  y he tardado como cinco segundos en reaccionar y acordarme de que en algún momento de la noche busqué en youtube una canción que hacía cerca de 15 años que no escuchaba. La realidad es que no me debí dar cuenta de que había pulsado algo que había reactivado la música y ese asalto por la espalda de Here Today me ha traído a la mente mis años de instituto.

No sé si conocéis la canción, es un tema que compuso Paul McCartney un año después de la muerte de John Lennon a modo «conversación de viejos amigos». En esta canción, además del título, se repite una frase que dice «And if i say…» o sea «Y si yo dijera…». Bueno, esa frase fue mi correo electrónico de los 13 a los 18 años (todavía lo utilizo a veces para registrarme en sitios que sé que me enviarán spam aunque marque la casilla de que no me manden spam). La cuestión es que la frase me obsesionó durante años, no solo por el contenido general de la canción, que me resultaba emotivo por mi beatlemanía, sino porque me hacía pensar en todas esas veces en las que pensamos algo que podríamos decir pero no decimos por miedo a las consecuencias, por no discutir o, sencillamente, porque es una gilipollez. La tontería me dio en aquellos años de adolescente insoportable para escribir varios relatos, un guión de un cortometraje que nunca se rodó porque era «muy bonito pero muy caro de producir», y también para muchas noches de insomnio pensando en la frase que, años después en la carrera de psicología, me dirían mil veces que había que prohibirla a los pacientes con ansiedad rasgo (o sea, yo): el maldito «y si…».

Ahora os estaréis preguntando -o no- que cómo es que aquella canción de 1981 marcó mi adolescencia en 2003. Pues bien, mi psiquiatra diría -con toda la razón del mundo y porque es su diagnóstico escrito en una ficha de paciente- que soy una outsider, vamos, lo que viene siendo una tia rara de narices que no encaja en ningún sitio, y menos si ese sitio está en su época. Pero como además soy una outsider mala os voy a colocar aquí el enlace de la canción para que empecéis a atormentaros vosotros, tengáis o no ansiedad rasgo. Y, además, os pongo una versión del vídeo traducida al español que atina en pocas tildes. Ale, porque como me decía mi abuelo «si vas a hacer algo, hazlo bien, aunque sea joder». Buenas noches