La cosmogonía del sushi

Me disponía a abrir una nueva sección que no sabía como titular. Tras recibir el primer relato he tenido claro qué escribir en la caja:  Pajas Mentales y otros cuentos. Ahí va la primera:

LA COSMOGONÍA DEL SUSHI
rafa
Rafa Zamorano

Nacemos, vivimos y morimos. Ese es el colofón que uno puede extraer de nuestras Escrituras: La Cosmogonía del Sushi, que fueron creadas en tiempos inmemoriales, e incluyen títulos tan significativos como El Génesis del Sushi o El Apocalipsis Bucal del Sushi. Según el primero, fuimos creados por el Dios de los Cinco Dedos en un mundo ajeno a la cinta, donde ahora damos vueltas con una sentencia de muerte sobre la cabeza. El último es más atroz, si es que esa palabra puede incluir un grado más alto de ignominia, y en él se narra la llegada temprana de los Dos Palillos de la Muerte. Los Dos Palillos nos arrancan de los platos, nuestra base natural, como lo es del molusco la concha, y nos arrojan a las fauces de seres terroríficos, donde somos machacados y enviados a un viaje sin retorno hacia la muerte ácida. Algunos dicen que si rezas con ahínco al Dios de los Cinco Dedos, tu muerte puede ser sazonada con una sustancia verde, que para nosotros es paliativa del dolor, o incluso puedes tener la suerte de que tu devorador se encuentre enfermo y te vomite, tras lo cual el destino se vuelve todavía más incierto.

Yo, como soy agnóstico, no me creo estas historias religiosas, aunque tampoco las niego. Me dedico a girar en la cinta y a contemplar la muerte de mis compañeros, tratando de wall_big_Curso-de-sushi-en-Taller-Andaluz-de-Cocinadilucidar la vedad profunda que oculta la existencia. Quiero decir, ¿qué sentido tiene todo esto? ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? Un filósofo afirmaba que sólo somos piezas de maki en un mundo giratorio, donde cada segundo es igual que el anterior, y que nada puede hacerse para escapar al genocidio del Dios de los Cinco Dedos. Es una postura demasiado existencialista. Yo prefiero pensar que aún hay esperanza, como afirman los rollitos de primavera. Ellos son grandes vitalistas -a veces he tenido la suerte de girar al lado de uno- y reafirman cada instante de su existencia con cánticos que los demonios apocalípticos no pueden escuchar. Lo cierto es que los sones de una cuadrilla que ya ha pasado a mejor vida me ayudaron mucho a superar la muerte de un pariente muy cercano.

Era un nigiri de pez mantequilla. Se encontraba un plato por delante de mí, girando, como de costumbre vital, en la cinta; cuando los Dos Palillos del Apocalipsis lo agarraron de los costados, oprimiendo su respiración, y lo arrojaron sin piedad -no lo untaron en la salvación verde- a las fauces de una criatura chillona que se había pasado con el vino -pueblo que también es víctima de un genocidio sistemático-. Los desgarradores gritos de mi pobre pariente levantaron un motín entre el resto de nigiris de pez mantequilla, al que se unieron los de salmón y notros mismos, los makis. Todos, sin excepción y antes de que pudieran siquiera saltar de sus platos, fueron ejecutados por los Dos Palillos. Yo, sin embargo, conseguí lanzarme al vacío abismal -el Mundo Desconocido que mencionan nuestras Escrituras, un hueco que se abre en el centro de la cinta-, y ahora me refugio en las sombras, desde donde he podido comprobar, para mi horror y desesperación, que los Dos Palillos del Apocalipsis eran tan solo las herramientas del Dios de los Cinco Dedos al que tanto rezábamos.

EL PSICOPATA

 

CARLOS BERBELL. EDIT. LA ESFERA DE LOS LIBROS.

aviles2 (1)
Por Manuel Avilés

Una gran novela histórica de Carlos Berbell.

Equivoca un poco el subtítulo pues, tras el psicópata, el editor ha escrito: “Un policía a la búsqueda de un asesino en serie en el Madrid de la Guerra Civil”. Uno espera encontrarse una historia similar al mendigo asesino de Madrid, al Arropiero de Cádiz, al mataviejas de Santander o al asesino depredador de prostitutas de Castellón. No es de eso de lo que trata esta novela.

da3f0c218bf820986b1260ddc62702b7El inspector de policía Jacinto Alonso, republicano, masón y comunista es enviado, por razón de su cargo y para cumplir con el mismo, a Madrid. Su misión es única: descubrir y, con ello, colaborar para desmantelarlo, un golpe de Estado – un nuevo golpe de Estado además del de Julio del 36- contra la República. Estamos hablando del golpe que desde dentro, desde el Madrid republicano y asediado por las tropas franquistas, tramaba el coronel-general Segismundo Casado. Siempre, los militares infieles y de eso está llena la historia de España – véanse tantos golpistas del siglo XIX, véase Franco y sus colegas de golpismo y véase el propio Casado- se rebelan y dan golpes contra quienes los elevaron a ese rango e hicieron posible, por tanto, las rebeliones que protagonizaron.

En las guerras, mucho más en las guerras civiles en las que luchan padres contra hijos, hermanos contra hermanos, vecinos contra vecinos…, se destapan con frecuencia los peores instintos del ser humano. En las guerras, la primera víctima es la verdad y al mismo tiempo es víctima, asesinado con los mismos tiros y las mismas bombas que los hombres, el Estado de Derecho. Muy a menudo, por no decir siempre, se usan los motivos de la guerra falseándolos, los bandos o las ideologías, para cargarse literalmente al que era rival por otro motivo bien distinto.

Tres personajes siniestros sobresalen en esta novela como especialmente sádicos y patéticos, dos auténticos asesinos en serie: Florencio Tribaldos, jefazo del SIM, Bienvenido Buencuerpo – fíjense en el nombrecito-, que acomplejado por su nombre se hacía llamar Doctor Muñoz y Agapito García Atadell. Estos elementos, que pueden ser etiquetados como asesinos y ladrones sin miedo alguno, usaron el poder que les daba la república para matar y robar, enriqueciéndose sin medida, mandando sin medida en las checas, organizando sacas y llevando a cabo los famosos “paseíllos” de tan triste recuerdo en ambos bandos, el bando republicano y el fascista.

Hay páginas sabrosísimas como las dedicadas a explicar el origen y funcionamiento de la masonería o páginas históricas sobre los monumentos madrileños como el Palacio de las Salesas, sede aún del Tribunal Supremo, desamortizado por Pascual Madoz y convento en su origen para albergar a las Monjas de San Francisco de Sales, construido por Bárbara de Braganza buscándose un hospedaje frente a los celos de Isabel de Farnesio y en el que duerme el sueño eterno junto a su marido Fernando VI.

Queda claro en esta novela histórica hasta qué punto reinaba la desorganización de las izquierdas en la Republica – con anarquistas, comunistas, socialistas, etc…, enfrentados y cada uno a su aire- que fue, junto con el abandono de las potencias extranjeras en lo tocante al armamento, determinó su derrota ante las tropas franquistas.

Es en definitiva una novela para aprender pues el autor demuestra – entre la ficción- un gran conocimiento objetivo de los personajes y las circunstancias, de la vida en un Madrid carente de todo, en el que hasta los muebles desaparecieron usados como combustible en cocinas y calefacciones.