Donde habite el olvido

Hace tiempo que no os dejo ningún poema de mi colección de favoritos. Hoy, por circunstancias, me ha venido este gran poema de Luis Cernuda a la cabeza. Dedico este post a nuestro querido colaborado Rafa Zamorano, un gran estudioso de la obra de este autor de la generación del 27.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

A LAS CINCO DE LA TARDE

eduardo Boix
Por Eduardo Boix

No soy un funcionario del Ministerio del tiempo, pero a veces, me veo en una obligación mas moral que laboral, de sacar a la luz a personajes que fueron claves en ciertos momentos de la historia. Existe un torero que parece más una leyenda que un diestro común. Ignacio Sánchez Mejías, fue torero y escritor, tal vez sea una de las figuras destacadas de aquella famosa generación del 27, y posiblemente aquella unión de poetas no existiría sin su presencia. Poca gente sabe que ejerció de mecenas y consejero de la mayoría de aquellos entusiastas poetas, y se desconoce o no se quiere acabar de reconocer, que fue el verdadero motor de aquel homenaje a Góngora del 17 de diciembre de 1927.

Hoy dia que el toreo está tan cuestionado y los toreros se las dan de artistas, la sombra de Ignacio Sánchez Mejías sobrevuela sobre la mente de tantos. Posiblemente, Sánchez Mejías fue el impulsor de la obra artística de la mayoría de poetas reunidos en aquel homenaje y muy probablemente, aquella generación no se hubiese unido si él no hubiese realizado aquel acto. Además su muerte fue la inspiración para el célebre poema de Lorca Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.

El 11 de agosto de 1934 reapareció en la plaza de Manzanares (Ciudad real), donde encontró la muerte por el pitón de un toro de nombre Granaíno. El mito dice que harto de ver mundo, buscó la muerte como si de una tragedia griega se tratase. Harto de escribir, ser rapsoda, dar conferencias en Nueva York, de ser presidente del Betis o de la Cruz Roja de Sevilla. Estaba harto de su mundo o del mundo, su muerte pudo ser la señal de lo que vendría dos años después. Quiso ser leyenda.
Murió como él soñaba morir, no concebía otro final más que ese. Con sangre y arena. En un ruedo, a las cinco de la tarde.

Si el hombre pudiera decir

De Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, f028dbc276fe4117950dc25b5b5d4827
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Mujer con alcuza (o La superviviente)

Lo prometido es deuda. A mis amigos tuiteros les hablé de este poema la semana pasada y les prometí que esta lo colgaría en el blog. Dejo la explicación que Dámaso Alonso nos hace sobre este texto:

«Este poema, quizá el más divulgado de Hijos de la ira, se llamó en su versión original «La superviviente». No sé si la historia de su origen real mejorará o estropeará la comprensión: en mi casa entró a servir Carmen, una criada muy vieja (honradísima, inocentísima), que permaneció con nosotros poco tiempo, porque un día se nos despidió: ella sentía mucho dejarnos, pero no tenía otro remedio, porque le había escrito «su señora», que la necesitaba.

En nuestras conversaciones con ella habíamos visto su total desamparo: no tenía familia alguna, todos sus parientes se habían ido muriendo, se le habían muerto también sus amistades. Estaba sola. No tenía más que aquella «señora», «su señora», a la que había servido durante muchos años. Carmen le había hecho servicios de gran confianza (había salvado todas las joyas de «su señora», que tuvo consigo ocultas durante toda nuestra guerra civil).
Carmen desapareció de nuestra vida hasta que un día nos enteramos de que había muerto en un asilo de ancianos, en Murcia. La señora, «su señora», la había despedido por una pequeñísima falta (que no la había oído una noche cuando la llamó a altas horas para que la atendiera).
En mi poema, claro, el largo viaje en un tren que se va vaciando es el símbolo de la vida de esta mujer, y, en cierto modo, de todo hombre, porque, para todos, la vejez es un vaciarse de compañía, de ilusión y de sentido del vivir.
La ocasión, la anécdota que dio el primer impulso hacia el poema se olvida pronto. El símbolo se hace más vago y se amplía: esa mujer puede representar lo mismo a un ser humano que a toda la Humanidad; en un sentido distinto podría aplicarse muy bien a España (y así lo han hecho algunos críticos.»