Continúa el relato 3- A flor de piel (@javiermoro123)

Aquí el video que revela el origen del texto de esta semana con una pequeña sorpresa al final.

Esta semana habéis participado a través de las tres plataformas, esto empieza a ser un éxito! Los participantes de esta semana y sus relatos han sido:

Rodrigo Pascual

Sin hacer ruido, entro en la habitación de los niños, los cambio y les dio un beso. Luego se puso el camisón y se metió en la cama, con ganas de llorar.

-¿Qué piensas?- en ese querer romper su fingida serenidad

– En este lecho, hoy caliente, en tu ausencia y en las noches de invierno que vendrán. Pienso en cómo alimentaré tu recuerdo. En cómo el deseo se ira diluyendo en miedos que devorarán todo placer.

La mirada de Juan reflejaba que nada será igual cuando la explique lo que hace meses guarda en su mente. Su meditada respuesta hará estallar toda la calma acumulada en la complaciente noche de ópera

– ¡Veras! Sé que lo que te voy a decir te parecerá cruel …pero una parte de mi anhela irse a ese destino incierto y peligroso. Hay días, en los cuales, ya no sé quién soy…Siento que todo es una mera normalización existencial. Un ir subiendo por los peldaños del tiempo y la descendencia. Deseo –egoístamente- la liberación transitoria de una vida con guion ya escrito. Te quiero…y amo profundamente el fruto de nuestra unión. Mis hijos lo son todo, pero una parte de mí, siente la llamada de la locura y el riesgo…

Y la noche puso sobre las sabanas las diferentes formas de entender el amor y el compromiso…

Continuará…

Rita De Casia Torreblanca-Ahumada

«…La guerra es deprimente…penso, con los ojos aguados del llanto que ya no pudo contener, tantos hombres y mujeres que pierden su vida…tantas familias quedan sumidas en el dolor. Nunca le habia tocado de cerca temer por la vida de un ser querido, pero ahora sabia lo que era sentir esa sensacion de perdida… de vacio, aun sin que se haya marchado todavia. Pensando en un futuro juntos, y de manera mas positiva, se limpio las lagrimas pidiendo a Dios que no se fuera el a la guerra, quiza de manera egoista, pero ella lo queria ahi, con ella, formando una familia…»

Casaseca 

Pero no lo hizo. Para qué -Pensó un segundo antes de quedarse dormida.
Al día siguiente se despertó temprano, quería ver a los niños antes de que abandonan el hogar camino de la escuela.
De camino al salón, envuelta en una bata de gasa semitransparente, se cruzó con una de las criadas más antiguas. Recordó entonces que había soñado con arañas peludas. Una pequeña arcada le subió por la garganta, pero consiguió retenerla en el último momento.
En en salón, sus hijos la esperaban completamente arreglados para acudir al colegio. El chófer la saludó con la gorra de servicio entre las manos, y ella lo ignoró como siempre hacía.
Un minuto después estaba sola. El periódico estaba repleto de noticias sobre la guerra en curso.
No voy a llorar -Se dijo cuando vio la primera lágrima ensanchándose sin prisas sobre la celulosa…

jose a Lopez Vizcaino

cobijada en esta no dejaba de pensar es esos momento mágicos, en el calor de sus brazos, como los echa ya de menos, la sola idea de perderle atormentaba su frágil ser, falto de ese amor que tanto anhela, con el primer resplandor de la mañana su cuerpo trémulo sucumbe al sueño.

Con los ojos cubiertos de lagrimas por un llanto que intentaba disimular vio en el reflejo del cristal como la puerta de su dormitorio se habría y se asomaba una figura alta y masculina. Esa figura,perteneciente al hombre por el cual estaba llorando,se quedo apoyado en la puerta y dibujando una leve sonrisa se dirijio a tumbarse junto a ella. La giro y dandole un suave,tierno y reconfortante beso la abarazo fuerte contra su pecho, y en ese momento parecía que el mundo se paraba, ya ya no importaba nada, ni el frio de la noche ni el ruido de las sirenas ni esa estupida guerra, en aquel momento solo importaban ellos.
Los pensamientos la atraparon de inmediato. Sus ojos como platos apenas distinguían las siluetas de los muebles de la habitación. Un sentimiento de tristeza la empezó a inundar como agua que se derrama sobre una palangana. Qué pensarían los vecinos si descubrían su adulterio con el joven soldado, menuda afrenta. Los voces chismorreras de sus vecinas ya resonaban audiblemente en su cabeza. Cerró los ojos, sonaron unos golpes fuertes en la puerta, la luz penetraba ya por las cortinas ¿Qué hora era? Sin duda los pensamientos la habían entretenido toda la noche. Se repitieron los golpes en la puerta. Se puso una bata sobre el camisón, y corrió a abrir. Entonces allí estaba él de pie en la entrada, en sus manos cargaba los macutos, era un adiós…
A la mañana siguiente en la estación, Otto se despidió con un apasionado beso, mientras el vapor de la locomotora les envolvía.Se dirigió al vagón de la mano de Hannah, -llegó el momento de partir, te quiero -dijo él, con lágrimas en sus ojos.En tren se puso en marcha, a medida que el tren aumentaba su velocidad, Hannah corría mandando besos, hasta que no pudo. Durante los cuatro años que transcurrieron, Hannah y Otto se escribieron innumerables cartas.Y esa espera tuvo su recompensa, Alemania perdió la guerra, todos sus compatriotas se sentían los perdedores, en cambio ellos se alegraron profundamente, pronto volverían a estar juntos. Y así fue…
Pero el llamamiento de William nunca llegó. Jamás pisó una trinchera. William era jorobado y padecía de estrabismo, lo que le hizo librarse al final. Aunque todas las semanas se empeñaba en llevarla a la ópera y repetir la escena de supuesto amor eterno «por si lo alistaban pronto». En el juicio, Mary Ann declaró ante el juez que después de dos meses tuvo que matarlo por un acto de justicia. Si ella había pagado el precio de aguantar un matrimonio con un rico heredero con aspecto de gárgola y parir dos hijos, Inglaterra le debía el librarla de él. Su último deseo antes de subir al patíbulo fueron unas zapatillas cómodas, aunque ya nunca le volverían a doler los pies…
Aquella noche y sumergida en un profundo dolor al percibir que aquel beso de los soportales fuese su último adiós, la hizo recordar como fue su llegada a la capital hacía ya unos años, allá por el 1855. Ella, mujer muy joven y atrevida que ante la penuria que por aquellas tierras que la vieron nacer se vivía, decidió saltar a la aventura y con una inesperada fortuna fue acogida como doncella en casa de un apuesto , aunque entrado en edad militar viudo. Él, persona con una educación civil y militar exquisita, acababa de quedar viudo al morir su mujer muy joven de una incurable enfermedad. Tenía dos hijos pequeños de aquel matrimonio viviendo en aquella casa, la cual se encontraba muy próxima al parque del buen Retiro. Muy pronto se ganó la confianza del resto del servicio y su relación con aquellos niños fue creciendo .hasta llegar al punto como si fuesen suyos. El padre rara vez mantenía continuidad en la casa por su vocación militar y en esos días en los que si moraba, poca atención les prestaba. Un día y como era costumbre, mediada la mañana, ella vistió a los niños para ir al parque y abriendo la puerta se encontró con el padre que regresaba uniformado, como oficial de caballería que era. Cual fue la sorpresa que al verlos, la preguntó a dónde se dirigía con ellos, respondiéndole ella, al Retiro mi señor. Cual fue la sorpresa que de forma inesperada él dijo que les acompañaba y de una manera tapada un primer encuentro. Esto sucedió más veces y lo que pudo parecer un casual aquella vez, empezaba a convertirse en una relación. Ël no podía aceptar esa palabra, pues su posición social lo impedía y ella cada día que pasaba más le quería. El tiempo pasaba y el comentario en la calle crecía. Él seguía mostrándose impasible e indiferente, lo cual a ella le enojaba, pues cuando se encontraban juntos algo mostraba sentir hacia ella. La situación política del país ante Marruecos se complicaba y el ministro de la guerra por aquel entonces O’Donnell decidió declarar la guerra al moro para salvar las plazas que allí teníamos. El contingente de tropa a enviar fue muy elevado y él llamado a filas. Ante aquella situación y conocedor de su destino, decidió , rompiendo con ello su estatus, invitarla esa noche a la ópera, pues hacía 4 años largos que la conoció y con ello presentarla a la sociedad como su futura esposa Todo sucedió como en un ensueño y aquella noche y aquel beso fue el sello de ese amor. Al despertar ella, él ya había partido. La guerra de África, nombre que se la dio fue muy cruenta, siendo él una de las victimas que allí murieron. Al llegar la noticia a aquella casa, ella sucumbió en un interminable llanto que dificilmente podía contener al estar presente los niños. Al no haber llegado a casarse, la familia envió a los hijos a un colegio de huérfanos militares y ella sumida en su dolor regreso a su punto de partida. Jamás volvió a querer a hombre alguno y decidió dar su vida a Dios ingresando en un convento. @ANGAROM

Realidad y deseo (prueba)

Este texto está extraído de una historia de veinte capítulos. Parte de la historia se destruyó pero he encontrado este fragmento en un viejo e-mail. No deja de tener su punto bohemio el asunto. Aquí lo dejo, para los que no salgáis hoy de fiesta, que seréis pocos.

La noche por ser triste carece de fronteras.
Su sombra en rebelión como la espuma,
rompe los muros débiles
avergonzados de blancura;
noche que no puede ser otra cosa sino noche.
Luis Cernuda

Siete, capítulo siete. El siete es mi número favorito. Cuando iba al colegio era el número veintisiete en la lista de clase. Luego en la universidad era el ciento veintisiete, curioso. La matrícula del coche de mi madre tenía dos sietes y yo vivía en el número siete. Es una tontería que estaba pensando a raíz de poner el número del capítulo. Siempre ha sido mi número favorito y no me había parado a pensar el por qué. Todo lo que he dicho excepto lo de la universidad es anterior a mi décimo cumpleaños, cuando todavía mi padre vivía en mi casa. El momento en el que se produjo aquella ruptura matrimonial mi vida se quedó partida en dos y yo tenía la sensación de estar en el centro de ambas partes. Cuando tu infancia tiene un revés de este tipo los adultos no llegan a comprender el dramatismo de la situación; custodia, régimen de visitas y pensión alimenticia son palabras nuevas que se incorporan al vocabulario del día a día y que no terminas de entender. El horario del colegio añade una cuadrícula más para los miércoles de cinco a ocho que se llama papá y las noches nunca vuelven a ser igual de tranquilas. Yo recuerdo sentir que estaba en medio de la nada sin saber hacia dónde mirar. En el colegio siempre enfermaba de la barriga para que llamaran a mi padre y que viniera a por mí. Me preguntaban “¿otra vez mala? Siempre estás igual” pero es que la situación no cambiaba y lo que ellos no entendían era que lo que se me había indigestado era precisamente la vida.

Recuerdo que trataba de tender un puente entre las dos partes. Los dos hemisferios opuestos en los que tenía que moverme puente2al son de las normas que había pactado algún abogado o alguna ley sin corazón. Pero no era fácil. Tensaba el puente y quería correr hacia un lado u otro pero el peso de la culpa y el vértigo de las posibles consecuencias no me dejaban mover los pies, porque sentía que mi lugar era ese centro, esa nada que no me daba derecho a opinar.

Yo me he separado ahora porque no tengo hijos y porque sé que tarde o temprano iba a hacerlo. Mejor pronto que tarde. Una vez le preguntamos a mi padre que por qué razón se había separado, su respuesta fue clara “era una serie de incompatibilidades anunciadas”. Exactamente igual que mi última relación. No sé si es porque tengo la necesidad de analizar cada aspecto de la pareja y soy demasiado exigente o quizá simplemente incompatible con las relaciones estables. Demasiadas decepciones en pocos años. Es posible que por eso apareciera Platón.

Después de aquel e-mail misterioso y de investigar al tal Ricardo Mezquida traté de olvidarme de todo, pero era imposible. Es como cuando te dicen “no pienses en elefantes rosas” y te imaginas un elefante rosa. Ahora acabo de imaginarme un elefante rosa. El cerebro es un borde pero si eres inteligente puedes usar esa bordería contra él. Yo uso esa técnica cuando tengo insomnio y pienso “no me debo dormir”, la tercera vez que lo repito bostezo.

Cuando tratas de bloquear un pensamiento durante el día o distraerte lo más probable es que aparezca por la noche. Cuando el corazón baja la guardia y nadie puede salvarte de tu inconsciente. Ya era abril, primavera, hormonas y mucho mucho sueño. Era el momento perfecto para reencontrarse con Platón y sucumbir a su historia.

Volvió a aparecer. Vino a verme al trabajo, apareció allí como si nada. Tan perfecto, tan sereno. A veces no comprendo cómo puede pasear por la calle ante la indiferencia de los demás. Su cara era muy expresiva, dejaba ver una sonrisa de satisfacción y sus brazos me rodearon y silenciaron la ciudad que, por un instante, dejó de existir. Lo malo de los sueños es que la intensidad de las emociones es incontrolable.

Allí estaba, sentado en el aula mientras yo trabajaba con un muchacho. Alternando su mirada entre la ventana y la clase, tratando de no intimidar. Me preguntó si quería que me esperase en otro lugar, pero no quería perderlo de vista, tenía miedo a despertar entonces y que de nuevo hubiera desaparecido.

Acabó la clase y me preguntó si me dejaría llevar. Accedí ansiosa por la curiosidad que me producía aquel individuo del que no sabría adivinar ni la edad ni el pasado.

El sitio es lo de menos, dijo. Entonces subimos a un coche y paramos en un lugar tranquilo. -Por ahora está controlado, solo quiero hablar contigo- dijo.

Por la noche sus ojos no eran tan intensos, la pupila dilatada no dejaba apreciar el color, pero yo recordaba bien ese verde grisáceo. Sus labios eran gruesos, rosados y pequeños. Llevaba una camisa algo desabrochada, un vaquero y unas zapatillas. Me gustaba su forma de vestir, de hablar, de mirar… una no es de piedra.

Resultó ser un personaje curioso, de los que puedes tomar por loco de no valorar en su justa medida las palabras que utilizaba. La vida también lo había golpeado muchas veces y ahora estaba solo. ¿Cómo podía epareja playastar solo semejante ejemplar del ser humano? Seguía necesitando saber por qué razón estábamos allí sentados, es decir, él allí, conmigo, ¿por qué yo? Pero no quería dejar de escucharle e interrumpir su historia con preguntas cuyas respuestas en el fondo me importaban un bledo. Por primera vez en mucho tiempo sentí que estaba donde debía estar.

Fue entonces cuando llegó el momento más complicado, iba a sonar el despertador. Él cogió el coche y me llevó de vuelta a casa, donde debía despertar en tan solo unos segundos. Justo en ese momento, cuando me fui a despedir con un abrazo sus labios se detuvieron en los míos.

Cuídate pequeña, nos vamos a ver pronto.

Y entonces abrí los ojos.