Se requiere mecenas. Dejen su currículum en la pestaña de contacto.

Se me vencen los tiempos, no es broma. Acumulo audios de conferencias, relatos de mis neuras, anécdotas de anécdotas y comentarios de libros que no consigo sentarme a escribir. Lo fácil es decir que no tengo tiempo, y no sería mentira pero la realidad es que llevo tal acumulación de tareas en la mente que cualquier acto creativo se bloquea a mitad de camino. Es una especie de orgasmo mental abortado: viene, viene, vieneeee y pum, se corta. Y se corta porque de donde no hay no se puede sacar y lo que no hay es tiempo para pensar ni para crear, solo para producir.

Produce, me dice la cabeza -y el director del banco del que ahora soy propiedad-, produce… y ya no puedo producir más. Porque lo triste de la vida es que producir no es crear, no para mí y no por ahora. Mi novela está abortada, mi editorial en standby, mis horas de sueño recomendadas por la OMS…¿dónde quedaron? se fueron con las oscuras golondrinas. Y todo, ¿por qué? por una razón sencilla: porque hay que pagar facturas.

Necesito un mecenas.

Muchas de las cosas que te preocupan nunca ocurren

¿No os ha pasado a algún lunes que os despertáis con el estómago encogido pensando en todo lo que tenéis que haces esa semana? A mí me pasa mucho últimamente, no solo los lunes. Es la conocida ansiedad. ¿Pueden tener ansiedad los imagespsicólogos? Si, somos personas ^^ después de todo. Todos tendemos a anticipar lo que tendremos que hacer y cómo saldrá y le permitimos a nuestro cuerpo que se empiece a preparar por si todo sale mal. Antiguamente eso tenía más sentido; vivía en plena naturaleza y aunque la de la actividad que estuviese realizando no le supusiera ningún riesgo directo podía, en cualquier momento, aparecer un depredador, por ello el cuerpo siempre tenía que estar alerta. ¡Qué agotador! Sin embargo y aunque tenía una función adaptativa en su origen el ser humano es el único animal que disponía y dispone de la ansiedad anticipatoria. Y está bien, te permite preparar una estrategia para un fracaso y a disponer de recursos cuando se produce, pero ojalá fuera solo eso… Ojalá ahora la ansiedad solo fuera una actividad psicológica más intensa, lamentablemente sigue acompañándose de los recursos físicos que necesitábamos para sobrevivir en la selva: sudoración, taquicardia… ¿y ahora a dónde huimos? No podemos salir corriendo en el trabajo si el jefe nos echa la bronca o del examen si nos está saliendo mal. Y eso se queda ahí, toda esa adrenalina que no se canaliza acaba repercutiendo en nuestra propia salud y la ansiedad que antes nos salvaba la vida ahora nos la puede destruir; cuando se alarga te empiezas a encontrar mal, el estómago y el corazón se resienten, llegan las úlceras, los infartos… La pregunta es, ¿y qué hacemos? Ojalá me cupiera en un post, pero os voy a dejar un ejercicio por si lo queréis practicar algún día. Es lo que utilizo habitualmente cuando empiezo a notar que me descontrolo, igual habéis oído hablar de ella, se llama: Respiración Diafragmática Lenta. Y viene a practicarse así:
-Pones una mano en el pecho y otra en el estómago. Tienes que asegurarte de que el aire que tomas llega al estómago sin sin hinchar el pecho.
-Cuando el aire está en el estómago tienes que retenerlo un poco.
-Por último sueltas el aire muy lentamente por la boca sin mover tampoco el pecho. Lo ideal es que se tome el aire por la nariz y se suelte por la boca. Al retener el aire se calienta y al salir lentamente va relajando todo el circuito respiratorio. Lo mejor es practicarlo en momentos de relajación normal para luego cuando haga falta como herramienta de control disponer de ello con eficacia.
Espero que esto os sirva, no siempre voy a hablar de literatura.

Busca el orden en el caos

Las placas tectónicas de nuestra existencia tienden a chocar en los momentos más inapropiados. Y es que cuando menos te lo esperas empiezas a notar un temblor, las paredes se empiezan a mover y antes de que te quieras dar cuenta te ves en medio de un montón de escombros que un minuto antes eran lo que llamabas rutina. No te queda más que tratar de salir lo antes posible de ese montón de escombros, ponerte una mascarilla para no ahogarte con el polvo y llevar a cabo eso de lo que los psicólogos (esos señores tan listos) llaman resiliencia.

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Y por algún sitio tienes que empezar. En mi opinión lo primero que se debe hacer es no tocar nada. En la medida de lo posible mantén la calma y párate a pensar qué ha ocurrido y a causa de qué. Cuál es tu papel en ese caos. Lo que ha ocurrido ha ocurrido y que gires las manecillas del reloj en la dirección opuesta no va a hacer que nada vuelva a su lugar original. Tienes que empezar a asumir que todo ha cambiado.
Analiza como has llegado a ese punto y reflexiona. Apunta tus errores, más adelante te servirán. No te victimices. Todos todos nos equivocamos y todos nos rodeamos de personas y cosas que no podemos controlar. No significa que el mal te persiga, significa que eres humano y estás vivo.
Una vez has aceptado lo anterior, valórate. Algo salió mal en lo que tenías planeado pero no significa que no puedas crear algo nuevo. Confía en ti mismo. Trata de poner humor al asunto sin olvidar los errores que ya cometiste para que no vuelvan a ocurrir. Tienes una ventaja a partir de ahora sobre los demás y es que ya sabes lo que no debes hacer.

Toma una actitud positiva a partir de este momento y busca una motivación para volver a darle forma al caos. Seguro que tienes mas de una y más de diez.

La vida son caricias y golpes alternados sin orden. Puedes recibir veinte golpes y una caricia en un año y luego solo recibir caricias durante meses. Recuerda que no puedes controlar cómo van a venir las cosas pero sí que puedes decidir cómo tomártelas.

¿Y si no pasa nada? (#cajas terapéuticas)

Me sale de nuevo la vena de psicóloga y la verdad es que estoy harta de que algunas situaciones no se afronten por las posibles consecuencias. Posibles no significa seguras y en muchos casos la gente se plantea cosas que son casi improbables, sin embargo les impide igualmente afrontar determinadas situaciones.

Demasiadas son las personas que conocemos que viven constantemente preocupadas por todo lo que les pasa o, lo que es peor, por lo que en algún caso les podría pasar. Viven con una tendencia constante a la previsión de una amenaza que muy posiblemente no se cumplirá nunca. Hablo de la gente del famoso “y si…” Personas que entran en un estado de preocupación permanente, de una rutina que aniquila su felicidad y que son incapaces de dominar. Personas que entran en un estado de ansiedad que los sumerge en una dinámica en la que la atención es absorbida sin piedad y el intelecto es entorpecido hasta lograr el fracaso en cualquier tarea que tenga un mínimo de complejidad.

Sin embargo, saber controlar esa ansiedad y utilizarla de forma anticipatoria puede servir como elemento motivador que lleve al éxito. Conseguir equilibrar la activación que supone la ansiedad con el pensamiento resolutivo y un estado de ánimo positivo lleva a un estado ligeramente eufórico ideal para profesiones creativas. Por el contrario, la frustración que conlleva la falta de este equilibrio del que hablo conduce a lo opuesto, pudiendo sumergir al creativo en un trastorno maníaco depresivo en el que las ideas fluyen descontroladamente, las preocupaciones inundan el cerebro con la rumiación y la atención es incapaz de focalizarse en nada.

¿Qué solución podemos dar a este problema? Resulta sorprendente cómo un simple cambio en el estado de ánimo puede facilitar la visión clara de soluciones. El pensamiento positivo puede desencadenarse desde una simple sonrisa, y eso puede facilitar el equilibrio del que hablaba antes. Por tanto, no sería descabellado que ante una preocupación que nos bloquea le pidiéramos a alguien que nos contara un chiste.