Continúa el relato – Blitz

Aquí la recopilación del juego de esta semana. El texto a continuar era el primer párrafo de la novela Blitz, de David Trueba.

El resultado ha sido este:

El mensaje decía:
<<aún no le he dicho nada. me cuesta tanto. uff. tq>>

Pero el mensaje no era para mí. La vida cambia cuando los mensajes de amor no son para ti. Aquel mensaje de amor, que llegó como un relámpago, inesperado y eléctrico, cambió mi vida.

Tal vez, entonces; no sabia con seguridad y no se aun, como abordar tu mundo. Es mas fácil dar ciertos consejos que hablar de sentimientos cuando la sensación es ( solo amigos,solo un simple oído). A veces llegan mensajes equivocados. Me pregunto ( y si el adiós fuera tan solo el principio de un perpetuo comienzo ?)
María V. @Marlefika
De pronto me vi sentada en esta incómoda silla del salón con la mirada perdida. Mis ojos poco a poco fueron enfocando hasta encontrarme con mi preciosa planta. Mi planta, siempre encerrada, estática, perdiendo la belleza entre estas cuatro paredes , dejando ser sustentada hasta perder la vida. Para que cuando lo hiciese, ni siquiera yo soltase una lágrima por ella. Esa planta de flores nacaradas fue mi reflejo. El mundo gira cada segundo y yo hacía tiempo que había parado el reloj.
Y no es que no lo sospechara. Una sabe cuando un hombre funciona con el piloto automático de la rutina sexual después de años de matrimonio. Y una sabe, incluso, hasta de quién se trata. Quién es la «otra». De modo que no cambiaba mucho el que él se hubiera dejado el teléfono en el coche y yo, más por aburrimiento que por curiosidad, leyera sus últimos mensajes. Lo que hizo restallar el látigo sobre mi piel no fue que el mensaje no fuera de Maricarmen, o de Pilar… sino que fuera de nuestro vecino Paco. El maldito cabrón y yo nos habíamos estado tirando a la misma persona durante años…
Y también como un relámpago, atravesó mi alma, que en ese momento sintió como si una jarra de agua fría la mojara sin previo aviso por completo. Y allí estaba yo, paralizada. Vinieron a mi mente muchas experiencias vividas a su lado, y lo que es peor, también vinieron las certezas que muchas veces no quise ver. Sí, me engañé, y además durante mucho tiempo. Ahora a través de la ventana, veo la nieve caer, intuyo el frío y escucho el rumor del viento; pero solo es invierno afuera. Aquí y ahora mi alma está tranquila y…agradecida; el azar me ha hecho el mejor de los regalos…el paso definitivo que siempre temí dar. Hoy el destino me lo ha servido en bandeja para que haga uso de mi decisión, esa que hasta el momento no pude tomar. Hoy, sin él saberlo, me ha liberado, y yo le voy a liberar a él. Hoy, como dije, solo es invierno afuera.
Desde entonces no pude pensar en otra cosa, pues la persona con la que empezaba a compartir mi vida estaba enamorada de otra. Él lo tenía todo, podía conseguir cualquier cosa y yo solo era una simple camarera. Llevábamos juntos un año, siempre había mostrado un gran interés hacia mi desde que nos conocimos y acababa de pedirme matrimonio. Pero después de leer ese mensaje, ¿qué interés oculto podía tener en mí?
salvador aguilera @salvaorillo
por un momento pensó en tirar el tlf. por la ventana y arrojarse él después, pero pudo sobreponerse a la angustia que sentía. Se sentó en su sillón favorito junto a la cristalera de la casa con vistas a ése mar del norte indomable que tanto le gustaba observar y poco a poco se fué calmando. Justo cuando empezó a razonar el por qué de ése mensaje, otra alarma volvió a salir del tlf. Dudó unos segundos en tener claro si volver a invadir la privacidad de su pareja, pero el daño ya estaba hecho. Desplazó la pantalla, abrió la aplicación. Era el mismo remitente: perdona por el mensaje anterior, tuve que atender una llamada urgente del delegado del Ministerio. El te quiero se refiere a que te necesito. Quiero que vuelvas a la Corporación, «te quiero» en mi equipo, Cathy. El proyecto conjunto entre la Corporación y el Delegado del Ministerio corre grave peligro. No pensaba en volver a llamarte, ya hicimos muchas cosas juntos y mereces tener una vida normal. Mañana recibirás el billete de avión.
Óliver Pérez @pedagoliver
De repente, el frío se hizo más hrlado, la soledad más sola, el silencio lo inundó todo, y cada palabra se repetía una y otra vez en mi mente… «¡Yo quiero eso para mí!» me dije. Pensé en la sonrisa de la persona que recibiría ese mensaje, una sonrisa que no salía de ningún músculo, sino del corazón. Una sonrisa que sería capaz de iluminar esta habitación. Una sonrisa que se ha empezado a dibujar en mi cara con sólo imaginarla. Una sonrisa que será mi motivación, mi punto de partida… ¡Esa sonrisa es la que quiero!
Juan José Oltra @Oltralolla
Dejé el móvil sobre la mesa. Todo el valor que contenía mi carácter pareció diluirse entre las palabras de aquel mensaje. No era para mí. La persona que más quería, por la cual había bebido los vientos, enviaba un mensaje de amor y no era para mí. Me sequé el sudor de la frente y me senté en el sofá. Miraba al vació con la esperanza de que el dolor que causó aquel mensaje fallido, se escapara por él…
Cambio mi vida hasta el punto que no nunca llegué a decirle nada. No me despedí, tampoco dejé ninguna nota. Llené una mochila con ropa, tabaco, mi equipo de cámara, un poquito de cannabis que me quedaba y el billete de avión que me llevaría lejos, muy lejos. Estaba triste y me sentía raro. Pero al menos me quedaba una pequeña sensación de alivio. Era el alivio de no saber adónde iba ni de con qué me iba a encontrar.
Quizá no le eché suficiente leña a la hoguera de nuestro amor. Confié demasiado en que sería para siempre, como ella me juró un día. Cuando se quejaba de mi desidia, no le daba importancia, pensaba que tendría un mal día y ya se le pasaría. Pero ella tenía razón, me acomodé en la rutina y ahora ya es demasiado tarde para cambiar nada
Bea Martínez @beamosloquepasa
Tenía que conocer a esa persona, su mensaje me había llegado a mi corazón. Un corazón que hacía tiempo que solo servía como musculo que no creía que volvería a amar. Su vida no había sido un mar de decepciones, simplemente no encontraba a la persona que la entendiera, que quisiera emprender un camino conjunto. Ahora, entre tanta piedra en el camino, estaba dispuesta a luchar porque sabía a ciencia cierta que ese era su compañero.
Mi vida, que era fría y sin expectativas como el mes de enero que me abarcaba, seguiría siéndolo mucho tiempo después de que llegase la primavera con sus ríos crecidos y alborotados por el deshielo, con sus calores tibios y sus quinceañeras en flor. Si tenía que creerme lo que el mensaje decía, no habría amor, ni deshielo, ni calor tibio para mí al final de esta estación de mantas y sol sin fuste. Mucho menos una quinceañera en flor. El invierno había llegado a mi corazón para quedarse y yo le estaba dando la bienvenida sin oposición. El invierno no está tan mal en realidad. Todo es más sencillo cuando llueve y puedes mirar al resto de una humanidad que vive a parte de ti desde detrás de una ventana. Cuando sopla el viento o cae la escarcha y puedes mantener la ventana cerrada. Es tan fácil todo… Tan cómodo… Tan conocido…
Como puede ser que un simple te quiero me congele el corazon.Como puede ser que un te quiero me haga sentir tan sola.Un te quiero que me di cuenta que era para el,para ese que nunca le quiso ni le querra.Desde ese instante me di cuenta que nada es perfecto.Que la tierra no es redonda , sino casi redonda.Que la luna no es blanca sino grisacea.Que las personas no son seres racionales sino emocionales.Que la intuicion y las emociones ganan siempre a la razon.
Lo que hubiera parecido una tragedia, fue sin embargo una catarsis.Todo lo quise hacer durante todo mi vida y que con él nunca era el momento.Pues bien, este momento fue el principio de todos mis momentos…
Duende Cillo @ANGAROM
Hoy , un día después de aquella imprevista al igual que errónea llamada al móvil, en mi soledad no dejaba de traer a mi memoria todo ese tiempo que tuve la suerte de haber compartido con ella. A decir verdad y con nuestra diferencia de edad desde el principio me pareció irreal que por esas casualidades de la vida en un viaje de negocios en el extranjero coincidiéramos y sin yo ,sinceramente creer en ello, acabásemos juntos. Desde un principio me miraba viendo en mi algo que me resulta muy difícil describir. Sonreía, siempre me encontraba, nunca decía algo hiriente, me satisfacía y yo jamás me sentía contento porque veía lo nuestro como una auténtica locura. Nuestras profesiones en nada coincidían al igual que nuestras edades; pero al estar juntos una extraña química nos unía . El que dijeran los demás no nos importaba y con un tiempo, pues siempre era ella la que se acercaba a buscarme, fui yo el que no dejaba que no fuera ese día el último en que no volviésemos a vernos. Ningún lazo nos ataba; pero esa atracción careciendo de nombre nos unía. Y ahora en que sin quererlo comenzaba a creérmelo llega ese mensaje como un golpe de viento y todo ese castillo de naipes que habíamos construido juntos se derrumbo en un instante.Ahora ya sin ella y tan solo con esos recuerdos dejo que ya mi corta vida se entierre con ellos.

«Forget it, Jake, it’s Chinatown!” con David Trueba

Hace unos meses comentaba que había tenido el privilegio de compartir una tarde y parte de una noche con David Trueba. Vino a Alicante invitado por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert para participar en un ciclo llamado 4 de 10 Negro en el que grandes cineastas comentan clásicos del cine policíaco. Supongo que muchos de vosotros habréis visto Chinatown, de Polanski, y si no aquí os dejo un breve resumen. (No os voy a poner en enlace de la descarga de la película, la compráis, o si la descargáis yo no quiero saberlo).


Creo que no solo es una suerte poder contar en nuestra filmoteca con clásicos como Chinatown, creo que es un privilegio que expertos como David nos acerquen todavía más a la película. El Gil Albert ha tenido además la iniciativa de crear una web de podcasts en los que podemos revivir aquellas tardes de cine y volver a escuchar los comentarios de los maestros. Yo personalmente me doy cuenta de lo ignorante que soy gracias a estas charlas y eso me hace valorarlas tanto que creo fundamental compartirlas con gente que valora el arte y la cultura, como vosotros. Os dejo a David Trueba comentando Chinatown.

AUDIO DAVID TRUEBA Y CHINATOWN

Y el enlace al artículo que escribí en su día sobre la tarde que pasé con David:

Mi velada con Trueba (#cajas encontradas)

Y no pongo nuestro selfi-chulo porque yo no salgo nunca en el blog.

Mi velada con Trueba (#cajas encontradas)

September 23, 2014

Tras nuestro encuentro en la estación y la deliciosa velada en el Auditorio, escuchando su brillante exposición, David seguía siendo para mí una especie de enigma. Me atrevería a decir que incluso ahora, días después, mantiene intacta su virtud de asombrar, de generar misterio.

La noche se prestó a colaborar. Llegamos tarde al restaurante y nos acomodaron entorno a una mesa redonda y cálida. Era un local decorado sobre la osamenta de una vieja sastrería. Me senté nerviosa y saqué el móvil para fingir distracción. Luego empecé a imaginar cómo trascurriría la cena. He de abandonar la fea costumbre de morderme el pulgar mientras medito –pensé–, porque cuando me quise dar cuenta, David ya estaba a mi lado, silla con silla.

Admito que había pasado varias semanas pensando en las preguntas que le haría, en cómo evitar, por la falta de vínculo, que en mitad de la cena se generase un silencio incómodo y que su interés por la conversación se viera mermado por mi falta de experiencia. Pero lo cierto es que las circunstancias me fueron favorables: un penoso titular (desleal a sus palabras) publicado en prensa ese mismo día dio lugar a un juego que echó por tierra el resto de preguntas.

“Nunca sueño con premios. Mis premios más memorables han sido siempre eróticos”.

La pura realidad es que con David no hace falta preguntar, no hace falta forzar nada. La naturaleza con la que llena el tiempo que compartes con él es única y puedes pasar horas y horas escuchándolo hablar de cine, de música o de cualquier cosa que le atraviese la inspiración. No era lo que esperaba, pero más tarde lo comprendí.

El pequeño de ocho hermanos se llevaba dieciocho con el mayor, quien a su vez se llevaba dieciocho con su propia madre, que se llevaba más de una década con su padre. “Mi casa era muy parecida al patio de un colegio”, afirmaba, y no sólo por la cantidad de niños que había en ella, sino por los roles desempeñados por cada uno: el fuerte, el débil, el pícaro, el protector, el pequeño…; y convivir con todas esas personalidades durante la infancia facilita que te hagas, poco a poco, receptivo a cualquier entorno y a saber manejar a individuos de cualquier pelaje.

Pero lo más significativo para mí de esa infancia que disfrutaba relatando durante la cena fue el oficio de su padre. “Cuando digo que mi padre era vendedor ambulante la gente se lo imagina en un puesto de mercadillo” y no, no se trata de eso. El padre de David no tenía ni puesto, ni tienda. Gozaba, eso sí, de la confianza de la gente. Iba de puerta en puerta y hacia tratos con personas que, de antemano, no podían pagar de una sola vez aquello que necesitaban. “MI padre ponía el dinero y ellos se lo devolvían a plazos”. No había un contrato escrito ni unas condiciones legales. La única regla entre ellos era la confianza.

Sus palabras me parecieron fascinantes. Vivimos en una sociedad hipercomunicada en la que cada vez confiamos menos en el prójimo, somos más individualistas que nunca y cuesta imaginar a nadie poniendo la mano en el fuego por un vecino. “No hagas nunca negocios con ricos, los pobres son los únicos que conocen el valor real del dinero” le decía su padre a él y me decía él a mí esa misma noche. Y creo que pudo ser esa confianza que le inculcó su padre, la misma que se debía respirar en la república entrañable de su casa, la que debió lograr que él transmita exactamente lo mismo a las personas que lo rodean.

Compartí con él, con David Trueba, solo unas horas. Sin embargo, la sensación que me dejó después, cuando nos despedimos, tras la cena y las preguntas, era la de un amigo de toda la vida que te dice adiós con la tierna cercanía de siempre, con el misterio de lo cotidiano.