Viaje al fin de la noche

No hay cosa que mas me guste que los libros de viejo. Disfruto buceando entre ediciones y

eduardo Boix
Por Eduardo Boix

colecciones, que en la mayoría de los casos, ya no existen. Han muerto y nacido tantas editoriales como edad tiene el planeta tierra. Me encanta comprobar como el diseño editorial ha evolucionado hacia un lugar que a veces rememora viejo diseños. El librero de viejo es, para mí, el oficio más bonito que hay después de el de farero.

El pasado jueves 21 de Abril de 2016 me acerqué a la vecina ciudad de Alicante con un doble objetivo. Uno visitar la feria del libro y ver a los organizadores de la misma. Paseé por un Alicante tempestivo, el viento era uno de los protagonistas, saludé a Mariano Sánchez Soler, Ralph del Valle y tantos amigos y amigas que andaban por ahí, en nuestra patria, los libros. No pensaba comprar nada pero la caseta de una librería de viejo me atrajo. Ahí estaba parte de la colección Literatura contemporánea de Seix Barral del año 1985. Un libro, que parecía tener vida propia, me llamó. Viaje al fin de la noche de Louis Ferdinand Celine, aquellas letras doradas marcando el nombre, me deslumbraron. Llevaba tiempo buscando este libro del escritor francés. Siempre me ha fascinado a pesar de su mala fama, por su apoyo abierto al nazismo. Yo siempre he intentado separar vida y obra y este era un claro ejemplo. Celine es el maestro de otros muchos y uno de los pioneros del realismo sucio.

Me volví feliz, dichoso. Con cierta pena, porque al carecer de coche tenía que depender de los horarios del tren. Supe que me llevaba un tesoro. Una joya más para mi inmensa biblioteca. Celine se venía conmigo, formaría parte de mi vida. Viajaría conmigo al final de la noche.

El verano eterno

Huele a tomillo, romero y azahar la costa Levantina. Con paso firme el sol nos deja su impronta. El verano ya está aqui. Vivimos en la zona más privilegiada de España. Por estos lares no conocemos

Eduardo Boix
Por Eduardo Boix

el significado de la palabra entretiempo. Pasamos de un verano húmedo y agotador a un verano suave pero agotador igual. Alicante es una ciudad luminosa y mágica que de un tiempo a esta parte, está despertando. Paseo por sus calles buscando elementos que me ayuden con esta columna semanal, que me den la chispa que lo prenda todo.

Paseando me paro en el numero 4 de la Rambla Méndez Núñez y observo el espacio donde tuvo que estar la vieja fábrica”La Ibense, Fábrica de Helados Finos”. Imagino una cartelería típica de la época pintada en rojo sobre la fachada. Saint de Exupery estuvo, que se sepa, en dos ocasiones por Alicante. Aquella vieja heladería fue parada obligada del piloto, dos cartas a una amiga con hojas con el membrete de dicho negocio así lo constatan. Sigo avanzando con mi café para llevar, como cada mañana, y comienzo a imaginar los lugares por donde pudo pasar. En una de las cartas explica lo que le sorprendía el paisaje de palmeras y el buen tiempo, dos alemanes en manga corta constatan lo que él dijo.

Vivimos en un lugar de paso. Un espacio internacional donde nos visitan gentes de muchas procedencias y status. Las prisas hacen que no nos fijemos en nadie. No reparamos en las caras, ni en los gestos ni en las miradas. Nadie habló del escritor francés. Nadie ha hablando de su estancia o algún recuerdo. No vemos más allá de los confines de nuestra nariz y nos perdemos en la inmensidad del desasosiego.