Recursos Inhumanos, de Pierre Lemaitre

Recursos inhumanos
Pierre Lemaitre
Alfaguara Editorial
Traducción de Juan Carlos Durán Romero
Título original. Cadres noirs
390 Páginas
19,90 €

Hace unas semanas, y a raíz de leer una reseña en la prensa, que me hice con la última obra de Pierre Lemaitre publicada en España y titulada Recursos Inhumanos.
imagesEs de sobra conocida la magistral trayectoria de Lemaitre dentro del género negro. Su capacidad para sorprender al lector y transportarlo a la atmósfera de los protagonistas hacen de él un clásico en vida. Y cuando el escritor es bueno las normas no existen y Lemaitre se puede permitir romper con su propio estilo, con sus propios temas, con su propia trayectoria y plantarte delante una obra inesperada y abrumadora.

Alain Delambre es un hombre que pasa ya de los cincuenta años, un directivo que ha estado en lo más alto de la pirámide laboral y que se ve, desde hace cuatro años, en parorecursos-inhumanos-pierre-lemaitre-libreria-javier y sin esperanzas. Consigue sobrevivir de mala manera trabajando en la paquetería de una empresa farmacéutica y llevando a casa cantidades rídiculas de dinero. Su desesperación sale a la luz cuando siente que un superior le ha faltado al respeto y de pronto, como si una bestia dormida dentro de él hubiera despertado,  le golpea en la cabeza. Esta acción acarrea el despido inmediato y una demanda por daños físicos. Alain Delambre no solo estaba en caida libre, estaba a punto de estrellarse. De pronto, la llamada de una empresa de contratación rompe sus esquemas.

La brutalidad, la tensión, la fluidez y la facilidad con la que se desarrollan los acontecimientos a partir de esa llamada consiguen transportar al lector a sus peores emociones. Como si se tratase de una sesión de hipnosis, uno descubre lo peor y lo mejor de sí mismo, planteándose constantemente cómo reaccionaría ante las diferentes situaciones presentadas. La crisis, el paro, la desesperación y el sentimiento de inutilidad pueden llevar a cualquiera a convertirse, sin darse apenas cuenta, en un monstruo. Lo malo de los monstruos es que nunca vienen solos.

Nunca he sido un hombre violento. No me viene a la memoria ningún momento en el que haya querido matar a nadie. Sí que he tenido ataques de ira de vez en cuando, pero nunca la voluntad real de hacer daño. De destruir. Así que, claro, estoy sorprendido.

Tardé 4 días en leer Recursos Inhumanos, una marca histórica en mi caso, ya que lo hice sin haber llegado todavía a mi periodo vacacional. Es una de las mejores obras que he leído los últimos meses y que recomiento con absoluta sinceridad. Espero que os hagáis con ella y que participéis en los comentarios de este post dándonos vuestra visión de la obra.

La niña mala

Por Manuel Avilés

En verano, en teoría, tenemos más tiempo libre. Una de las posibilidades – la menos creativa de todas- es el “dolce far niente”, el dulce no hacer nada, dejarse llevar por la vagancia y acunarse en sus brazos. La otra, más productiva, junto al mar o en el secano, en la montaña o en el desierto – en los barcos o en los aviones no, que saben que los odio mortalmente-. Una posibilidad productiva y enriquecedora es la lectura. Los libros nos hacen viajar, nos dan ideas, nos hacen vivir mil vidas que hacemos nuestras sin movernos del sillón, siempre que estén bien escritos. Nos hacen amar, odiar, matar y crear desde la nada, desde algo tan etéreo como la palabra –bien escrita-, unos caracteres puestos negro sobre blanco.

No siempre vamos a leer éxitos de ventas. No siempre vamos a estar con el último pelotazo del grupo editorial dominante.

Me preguntaba el otro día una persona, a la vez que me regalaba el oído – qué bien escribes, decía mintiendo y haciendo de bálsamo para un narcisismo imposible, que no hay nada más imbécil que un abuelo presumiendo de ojos verdes-. Me preguntaba, insisto: ¿Qué tengo que hacer para escribir bien? Lo primero es leer mucho, leerlo todo. Leer de día y de noche, en la cama o en el sofá, a solas o en compañía, leer. Nadie, absolutamente nadie que no lea, puede escribir ni medianamente bien.

En la calima veraniega, olvidado de Dios y de los hombres, como un Diógenes alicantino que ha cambiado el candil y la estatua por un olivo centenario, me dedico en mi jardincillo minúsculo a releer clásicos.

Incluso – recuerden que Groucho Marx cambiaba toda su fama y su dinero por una buena erección a tiempo- he llegado a tener dos amagos de orgasmo con “Las travesuras de la niña mala” de Don Mario. No Conde, como diría aquel antiguo director cesado de Meco, sino Don Mario Vargas Llosa. “Las travesuras de la niña mala” es, sin ningún género de dudas y para mí, la mejor obra del Nobel a la que, por ejemplo, los “Cuadernos de Don Rigoberto” o “Pantaleón y las visitadoras” – para guarniciones, puestos de frontera y afines-, ni se le acercan.

Resumamos, que ya saben la máxima que jamás he traicionado: Esta prohibidísimo destripar una novela.

Hay dos protagonistas fundamentales, ambos peruanos como el autor, aunque la novela tiene lugar esencialmente en “el país de la claridad cartesiana”, Francia.

Lily, la chilenita, luego la camarada Arlette – una comunista revolucionaria- luego madame Arnoux, luego Mrss. Richardson y luego mil más, es una mujer inclasificable. Dueña de una pseudología fantástica irrefrenable, de un magnetismo imposible de evitar, hace caer en sus redes a Ricardo Somocurcio – Ricardito, así, en diminutivo, para dejar clara la dependencia, la esclavitud que padece en relación con la niña mala que da nombre a la novela con sus travesuras-. A Ricardito y a quien se le ponga por delante.

Ricardito es un peruano que sale del Perú natal y aterriza en París. Encuentra trabajo como traductor de la Unesco y ve tranquilizada – económicamente- su existencia, con los sesenta mil dólares, un fortunón para la época, recibidos en herencia de su tía Alberta, una solterona con un único sobrino al que dejarle todo.

Ricardito no tiene vida. Colgado irremediablemente de Lily, de la camarada Arlette, de madame Arnoux, Richardson o como sea en cada momento, soporta sus cuernos, sus caprichos, sus infidelidades reiteradas y multitudinarias, su matrimonio con un “calvito bizco.., con bigotito de mosca y anteojos de espesos cristales”, cuya única cualidad era la posición que a Lyli o a la camarada Arlette le faltaba, el colocarla en el seno de una intensa vida social de cocteles, cenas, recepciones donde podía codearse con el “tout Paris”. Un marido cornudo permanente que alimentara sus delirios de grandeza, su esnobismo, su mundo deslumbrante de frivolidad. Un marido cornudo y otro, y otro más.

img_art_11369_3513Ricardito está atrapado en una relación tormentosa y tóxica, descuadrado, inerte, incapaz de reaccionar y a merced de los caprichos de una auténtica tirana, una devorahombres que con sus habilidades sociales, su hacer que te sientas el más importante del universo cuando está cerca de ti y te mira, esclaviza y hace un pelele, al hombre que tiene enfrente incapacitado para soltarse del veneno que ella supone. Enamorado como un becerro y babeante con la gracia más tonta, ante la ocurrencia más patosa, ante la trastada más infame que soporta con el estoicismo de un autista para quien no existe otra realidad que la Lyli o Arlette, lacerante. Ricardito es una marioneta. Ella lo mueve al compás de cada capricho, de sus travesuras de niña mala que, más que travesuras inconsistentes, son auténticas putadas, un potro de tortura.

Ricardito: Si solo te tuviera como amante a ti, andaría como una pordiosera – le susurró al oído para acabarlo de matar-.Solo me quedaría para siempre con un hombre que fuera muy, muy rico. El dinero es la única felicidad que se puede tocar – le dice-. Empecinado, Ricardito, ni muerto aprende.

Hagamos memoria (de @NativelPreciado)

La diosa Fortuna, caprichosa como ella sola, ha querido que caiga en mis manos una joya.

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Manuel Avilés

Lo mejor que he leído en los últimos años. Una historia de la transición  hasta nuestros días, como tiene por subtítulo el libro “Hagamos memoria”, escrito por una periodista seria, lúcida, con una inteligencia privilegiada y que habla no de oídas sino en primera persona, con conocimiento cercano de todos y cada uno de los protagonistas, de una época apasionante de la historia reciente de España. Les aseguro que escribo este artículo para recomendar a los de mi quinta, que vivieron esos días,  a los más jóvenes para que aprendan, y a todos para que disfruten porque es una delicia recorrer las páginas de este libro extraordinario de Nativel Preciado. Un libro que se presenta este viernes en las cenas literarias del Maestral.

¿Me he pasado en el panegírico? Les aseguro que no llevo comisión, ni estoy a sueldo de la editorial, ni hago de negro en la promoción de la obra ni me dedico al marketing de “extranjis”, simplemente quiero compartir con ustedes  la obra que me ha venido a las manos y con la que he disfrutado todo el  fin de semana como hacía tiempo. Un libro plagado de citas, cada una más sabia  y acertada que la anterior.

Utiliza la autora un viejo truco literario: un politólogo  joven llamado Brown es el interlocutor al que Nativel pretende explicar las causas de la decepción política de los españoles.  La decepción de los españoles con sus políticos, una verdad que no necesita demostración.

En doscientas páginas,  empezando por sus inicios como periodista en el Arriba – diario falangista, del régimen hasta las cejas- , la autora desgrana hechos históricos incontestables  que van desde el acoso sexual y la precariedad laboral de las primeras mujeres que entraron en las redacciones hasta la primera discusión con el  agotado régimen franquista como objeto de debate: ¿Hay que reformar o  hay que romper?¿ Desalojamos a los viejos y rompemos con ellos o los usamos por su experiencia como base de la reforma para edificar una nueva manera de Estado? La misma cuestión plantean hoy los jóvenes políticos con la corrupción como principal argumento: que se vayan todos los que huelen a corrupción y empecemos de nuevo. Primera frase lapidaria para recordar: Los poderosos no renuncian a sus privilegios cuando son derrotados en la mesa de ajedrez sino cuando caen en el ring. O sea, ¿hay que desalojarlos a guantazos?

Cuenta, como no, desde la primera fila del Congreso y tumbada boca abajo, en la postura obligada por  los  golpistas, la asonada de Tejero, las dudas que sobre el Rey,  cómo solo permanecieron erguidos Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo y cómo más de un diputado  intentó defender una valentía, para valorar  su imagen de cara  a los medios,  que no existió.

Relata los últimos años sangrientos de la dictadura – Franco murió en la cama, no desalojado del poder por nadie- con ETA y GRAPO sembrando el pánico cada día, sin olvidar a la ultraderecha y la matanza de los abogados de Atocha o los crímenes del Batallón Vasco Español, antecedente cercano de los GAL.

Cuenta con minuciosidad el acoso y derribo contra Suárez a quien Guerra  etiquetó como “un tahúr del Missisipi ”, a quien los propios machacaron y a quien la historia ha puesto en su sitio considerado a día de hoy un grandísimo Presidente posibilitador de la liquidación de la dictadura y del nacimiento de la democracia. Desfilan por el libro de Nativel mil y un personajes tratados con hondura y con la asepsia de quien intenta toda la objetividad posible sin casarse con nadie. Desde Carmen Diez de Rivera, guapísima musa de la transición hasta Tierno Galván, el viejo profesor que recomendó a Nativel la lectura de Bukowski. Desde el retorcido y ladino Areilza hasta el falangista reconvertido Fernández Miranda.  Desde Dolores Ibarruri, que no se enteraba de nada a esas alturas, hasta el todopoderoso Abril Martorell. Desde  el ciclón Fraga  el erudito  Herrero de Miñón –piedras angulares de la derecha española, hasta Francisco Letamendia  –Ortzi- que llevo la voz etarra al Parlamento en aquellos años de plomo. Desde Curro López hasta Pablo Castellano o Gregorio Peces Barba, Felipe Gonzalez y el Clan de la Tortilla.

Cuenta Nativel, con datos objetivos, la derechización de Europa  rechazando  a colectivos que margina conscientemente – homosexuales, inmigrantes, exiliados…- , los síndromes de aislamiento, casi psicóticos,  que afectan a todos los presidentes para quienes “la felicidad solo existe desde el momento de la victoria hasta la toma de posesión porque después todo son amarguras”. Se muestra crítica con la monarquía – “un déficit democrático que sufrimos por herencia” -Sabina dixit- sin entregarse en ningún momento al peloteo ni a la alabanza fácil y servil. Repasa con minuciosidad y precisión de cirujano la corrupción – Ibercorp, Roldán, Naseiro, Barcenas, Ibercorp, Filesa, Gürtel , Púnica…-  la lucha en las alcantarillas, las puertas giratorias,   las guerras fratricidas en los partidos políticos, los serviles e inútiles botafumeiros del que manda,   la erótica del poder que hace que todos peleen denodadamente por permanecer en él de una u otra manera, incluso cuando dicen que quieren irse o ya se han ido.  Imposible resumir en un artículo la fecunda lección de historia y el disfrute que encierra este gran libro de Nativel Preciado. Políticos y periodistas. Hagamos memoria.

Los besos en el pan

thAlmudena Grandes

Tusquets

336 págs.

Un barrio de Madrid, más bien de la zona centro, en torno a la Glorieta de Bilbao. Es el barrio en el que creció Almudena Grandes. Y ahora, el protagonista de Los besos en el pan, su última novela, en la que la autora lo ha elevado a la categoría de protagonista.

Porque en Los besos en el pan no hay protagonistas, sino personajes. Y un barrio. Un barrio en el que se cruzan gentes, ilusiones, vidas… unas vidas que se han visto truncadas o, como mínimo, distorsionadas por la crisis que nos envuelve. Es su barrio, el de Almudena, pero podría ser el suyo, lector, o el mío. Usted y yo podríamos ser cualquiera de sus personajes: la familia que regresa de las vacaciones en la playa, el divorciado que se oye llorar al otro lado de la pared, la peluquera que ha tenido que recortar sueldos para no despedir a nadie, la clienta que colabora con el banco de alimentos, la maestra que comparte su desayuno con algunos de sus alumnos, la médico del centro de salud que teme su cierre y su consecuente traslado a otro centro, el militar jubilado que asiste por primera vez en su vida a una manifestación contra los recortes en sanidad, el joven profesional de éxito que se ve abocado a trabajar como portero… La vida entera, en resumen, de un grupo de gentes que se mueve en medio de esta vorágine de la crisis y que ha acabado por aprender por qué sus abuelos o sus padres les exigían besar el pan antes de comerlo.

Los besos en el pan es una novela de testimonio del tiempo presente en la que, a través de la poliédrica estructura en la que se van tejiendo las relaciones entre los distintos personajes, la autora nos presenta historias sencillas y cotidianas desde la indignación y la ternura, desde la rabia y el afán por sobrevivir. Parece como si hubiera querido dar forma narrativa al contenido de sus muchas columnas periodísticas de los últimos años.

Novela entretenida y de sencillo lenguaje, escrita con cierta urgencia -según confiesa la propia autora- por su ubicación en un tiempo tan actual que la aleja de sus novelas del ciclo anterior dedicado a la Guerra Civil y la posguerra, Los besos en el pan nos hace ver en las miradas de “otros” nuestros fantasmas y miedos, así como nuestras propias ilusiones y esperanzas.

M. A. Moreno

EL BALCON EN INVIERNO

LUIS LANDERO.

Con El balcón de invierno nos encontramos ante una novela intimista, escrita en primera persona como contando las cosas a alguien cercano al que estuviera – el autor- relatando los pequeños o grandes acontecimientos, al oído, en la mesa camilla en un soliloquio informativo que abarca la existencia entera de quien narra.

UnknownNos transporta la novela a la España rural de la postguerra en una Extremadura deprimida y en una familia, hasta cierto punto acomodada porque no pasaba hambre. En la casa del protagonista emerge, con un cierto aire mayestático, la figura de un padre inútil, que no trabaja y en la que es la madre quien ejerce como líder de facto.

Es, como dice el propio autor, una novela de tiempos sombríos, pero de gente que no estaba dispuesta a dejarse derrotar por ellos.

El fenómeno sociológico de la emigración – que ahora, cuando lo creíamos superado por nuestra pujanza económica, ha vuelto de la mano de la crisis, esa crisis que la derecha se empeña en dar por finalizada- la inmigración, la salida del pueblo y la marcha a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida, queda retratada en el cambio de vivienda, de actividades y de posibilidades: desde Alburquerque hasta el cosmopolita Madrid, en el castizo barrio de Prosperidad – significativo nombre-.

El autor desempeña distintos trabajos de supervivencia, hasta prueba suerte con la música, y cuenta, como si de una epopeya heroica se tratase, la compra de su primer libro con el que disfruta hojeándolo, palpándolo e incluso oliéndolo para disfrutar con lo que era todo un símbolo de cultura y de bienestar.

Estamos ante un retrato perfecto, puramente fenomenológico, de una familia media, del paso de la servidumbre del secano y la mula como animal imprescindible que asegura la existencia, a un nuevo mundo cargado de expectativas y promesas. Un mundo abierto al disfrute de la modernidad recién conquistada. Esa modernidad pasa por no ser oficinista, ni casarse ni echar barriga sentado ante una mesa. Pasa por ser vagabundo o poeta, marino mercante o maquinista de tren. Todo menos oficinista.

La sentencia de su madre -auténtica líder y cabeza de la familia- es definitiva: Mira, haz lo que más te guste y que sea lo que Dios quiera.

Hasta que llega el amor, el gran embaucador y enemigo declarado de los ímpetus y desafueros de la libertad y de la fantasía y te empuja -quizá- a ser el barrigón que tanto has criticado.

En mi opinión resulta excesivo el calificativo que reza la portada de “mejor novela del año”, sin embargo nos encontramos ante un texto tierno, ilustrativo, histórico y realista que sin duda merece ser leído.