A los 27 comprendo…

A los 27 comprendo…
CN7qVTqWsAAghw2Hoy cumplo 27, y me planto. A partir de este año reciclaré las velas. El veintisiete siempre ha sido mi número. En realidad lo es el 7, pero 27 era mi número en la lista de clase en el colegio, el que tenía mi archivador y mi casillero, mis libros de texto. Y eso imprime identidad.
Siempre me imaginé cómo sería con veintisiete años y os puedo asegurar que no se acercaba en nada a la que soy ahora. Pero la vida da muchas vueltas y una cambia, crece, evoluciona o involuciona y cambian también los objetivos, los principios y, por supuesto, las preguntas.
Veintisiete años son pocos, está claro. No voy a discutir con nadie sobre eso. Pero también son suficientes para aprender y comprender, y el hecho de que hoy estéis aquí y tengáis acceso a este texto tiene su pequeño significado.
No son pocas las personas que han salido de mis redes sociales o de mi vida tras pulsar la opción “dejar de ser su amigo”, y cada una de ellas ha tenido su razón, pero la más frecuente ha sido mi dificultad para afrontar las decepciones. Parece que lo que no ves, no existe; si no forma parte de tus redes sociales tampoco lo hace de tu vida. Pero no es verdad. Cada uno de los nombres que están o han estado en mis listas de amigos me han enseñado algo y me han convertido en lo que soy ahora. Así que, tanto a los que me podéis leer como a los que nunca lo harán, gracias.
Gracias a todos. Ahora sé que hay diferentes formas de amistad, que hay amigos que están lejos y parecen distantes, pero que pueden coger un avión y aparecer en tu casa si los necesitas de verdad. También sé que los hay engañosamente cercanos, los consideras incluso familia, hasta el día en que te quedas esperando su mano mientras te ven caer.
He aprendido: que el amor tiene muchas formas, pero que no entiende de edades ni de géneros; que hay que decidir con el corazón –que no con los impulsos– para no arrepentirse de nada; que alguien puede compartir tu vida durante años y desaparecer sin remordimientos en un solo día: que no todos los que expresan emociones son sinceros y que no todos los que te dicen “te quiero” te amaron de verdad; que tus padres, aunque se equivoquen, siempre harán lo que crean mejor para ti y que son los únicos en los que puedes confiar ciegamente; que hay tíos que son como padres y “pegaos postizos” que también; que los animales son mejores que muchas personas porque no entienden de intereses ni de condiciones; que el tiempo siempre es relativo y que se ensancha o se contrae al interés de cada uno; que las distancias son iguales que el tiempo.
He comprendido que puedes obviar tu propio dolor si la persona a la que amas también sufre. Y que puedes querer a muchas personas solo porque el ser al que amas también lo hace. Y también que, sin dejar de amar, no debes depender de nadie en esta vida, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en lo oscuro.
He comprendido lo importante que resulta valorar lo que se tiene, y no esperar a que el tiempo te obligue a apreciar lo que perdiste.
He comprendido que a veces es necesario marchar para soltar amarras y que no siempre es fácil tener claro el destino; que cada día me quedan más cosas que aprender y que las decisiones que tome serán importantes dentro de veintisiete años.
He comprendido, como diría Jaime Gil de Biedma, que la vida iba en serio; aunque eso, también como dijo el poeta, una lo empieza a comprender más tarde.

Realidad y deseo 2.

Para los que siguieron el relato de Platón. Dejo otro de aquellos capítulos sueltos que formaban parte de mis reflexiones.

A veces me pregunto si la vida realmente está escrita. No hablo del destino, sino a algo más terrenal. Tengo la sensación de estar acechada por un equipo de guionistas que escriben un capítulo cada semana. Que trabajan en mi evolución como si fuera el personaje de una película de Woody Allen y que ponen y quitan elementos o personas según dicte la audiencia. Quizá todo esto suene a delirio pero es una forma de expresar metafóricamente la ironía de la vida. A veces estos guionistas se quedan sin ideas y recuperan viejas temporadas, te devuelven a circunstancias olvidadas o te sumergen en el colmo del absurdo.

Quizá estén influidos por el primer teatro de Arrabal. Me acuerdo ahora de aquellos personajes de PIC NIC que comían en un campo situado entre los dos bandos de la guerra. Un grupo de personajes inocentes; un matrimonio, su hijo y un soldado se ven en medio de un ir y venir de ataques llegando a la conclusión de que nadie desea la guerra y que por tanto esta no tiene sentido. La realidad se impone en este caso al deseo como se impone fuera de la obra. La inocencia no sirvió más que para reír al principio y llorar después.

Todo esto venía escribiéndolo en el avión. Los últimos días tomé un breve pero intenso “break” en el que me he sentido protagonista de Pic Nic. Los móviles para bien o para mal no te mantienen precisamente alejado de la realidad a pesar de que tu viaje sea al paraíso. La lluvia de whatsapps maldiciendo mi ausencia por tomarme unos días de libertad, la pelea constante entre mi madre y mi hermano empeñándose en hacer partícipe al grupo familiar (abuela whatsappera incluida) mediante mensajitos constantes e hirientes, y los amigos bordes recalcando su habilidad para no mantenerse al margen de tus decisiones me han hecho sentir en medio de esa guerra, tratando de ignorar o reinterpretar los acontecimientos y ser vencida al final por la vuelta a la realidad. Hace tiempo que trato de asumir esa actitud ignorante hacia lo que me ocurre día a día , de ridiculizarlo mediante la ironía o en sarcasmo con tal de que no se acerque lo suficiente como para causarme dolor. Dejé de intentar justificarme ante los demás para hacer hueco a mis propios reproches.

77c205d2dd65841ba9f50c081c19ffeaMe pregunto si hay lugar para el amor cuando te distancias de la vida. Me temo que es una emoción demasiado placentera y dolorosa a la vez como para caber en el poco espacio que le dejamos. Pero al fin y al cabo ¿qué es el amor? Una liberación de neuroquímicos que amenazan tu serenidad… y eso es justo lo que trato de evitar. Recuerdo la intensidad de los amores adolescentes, amores que tienes que vivir para madurar pero no son mas que una cruel venganza de la naturaleza. Te duele no verlo, te duele verlo, te duele que no te escriba, te duele que te escriba, te duele todo. Te despista, te hace suspender, te quita el sueño, te produce taquicardias, te hace llorar y eso en el mejor de los casos, que es cuando es correspondido. Cuando no lo es es mucho peor. El amor no correspondido es un riesgo para la salud y más todavía en un adolescente. Se desparraman las hormonas del estrés en la sangre como si no hubiera un mañana, la desgana y la apatía te invaden y el sistema inmune te dice adiós sin piedad. Hay una película española titulada “El amor perjudica seriamente la salud” y no me parece un chiste de título, creo que está muy acertado. Todo los días muere gente por amor, igual que mucha gente muere de tristeza y generalmente esa tristeza es producida por la falta de amor, así que la causa final siempre es la misma. Con los años crees que aprendes a vivir el amor de otra manera, que sabes controlarlo para no perder la cabeza, pero eso no es mejor. Tampoco es verdad que aprendamos a controlarlo, simplemente nos volvemos más exigentes con la edad y no nos dejamos llevar por las emociones por miedo al fracaso o a la decepción, censuramos al amor igual que a la creatividad. Siempre por miedo. Por eso Platón existe en mis sueños, porque al fin al cabo si pierdes el control puedes escapar a la tibieza de la realidad.

Que no te arrastren

Ahora, pasando por situaciones emocionalmente complejas, me doy cuenta del tipo de relación que mantengo con muchas personas. Da igual que los queramos mucho o que lleven toda la vida ahí, a veces es necesario marcar distancias.
Yo, desde mi punto de vista, que, bien pensado, es una perspectiva bastante limitada, he conseguido identificar varios tipos de personas o de personajes que no me convienen en el día a día. Si me permitís el atrevimiento os expongo mi análisis:

  1. Por un lado están los egoístas. Con estos me identifico yo misma muchas veces. Este tipo de persona te arrastra a lo que él prefiere sin tener en cuenta lo que tú necesitas. Cuando lo hacen una vez lo ves hasta normal, todos cedemos de vez en cuando, pero cuando se convierte en rutina es mejor decir basta y recordarle que tú también existes, piensas y sientes.
  2. Por otro lado encontramos a los desconfiados. Suelen ser los mismos que mienten habitualmente por miedo a no sentirse suficientemente valorados. Estos ponen en cuestión todas las decisiones que tomes en función a cómo les afectan ellos mismos. Suelen considerar que cada paso que das sin ellos es un desprecio. También suelen hacerse cargo de ocupar el rol de víctima y utilizar el chantaje para que les insistas en su valor en tu vida.
  3. Luego tenemos un clásico, los controladores. Y no me refiero con esto a que estén pendientes de lo que haces o dejas de hacer, me refiero a los que siempre saben lo que tienes que hacer. “Tú lo que debes hacer es no juntarte con fulanito” “tú lo que tienes que hacer es buscarte un novio y tener hijos”. Estos, concretamente, son los que peor llevo, porque además si os fijáis no suelen ser el mejor ejemplo de lo que predican y para rematar tienen preparado el “como no me hiciste caso…”. Eso no es apoyo y como tengas más de uno de estos cerca con diferentes opiniones te vuelven loc@.

Si estás pasando por momentos de flaqueza es bueno que identifiques a estos individuos y marques las distancias con ellos en la medida que puedas. Solo defiende tu espacio, no tienes por qué expulsarlos de tu vida. Al final tus decisiones las tienes que tomar tú y solo tú sabes lo que necesitas. Lo que ellos creen que hacen por ayudar realmente entorpece tu salud emocional y si no sabes cuidarte tú mismo acabas perdiendo una identidad que conforme pase el tiempo te va a resultar mucho mas complicado imponer.

atardecer_wide¿Tú conoces más tipos de personas tóxicas? Anímate a poner comentarios.

Hay quien ama y hay quien se deja amar

* Advierto a todo aquel que lea este post, que estos pensamientos vienen de una situación crítica. El blog no deja de ser un diario y todos pasamos por momentos malos. Suerte a los que sí que tengáis ese tándem en vuestra vida. Yo estoy en una fase en la que necesito pensar que no es necesario para seguir adelante.

Hay días, en los que me acuerdo mucho de la película Náufrago. No sé si la habéis visto, si no lo habéis hecho os la voy a spoilear pero como dice Ismael Serrano, la culpa es vuestra.

Esa sensación de que un suceso, una relación, un conjunto de situaciones compartidas con alguien han marcado un antes y un después en tu vida me ha pasado varias veces, lo que nunca me había pasado era darme cuenta de que ese significado en realidad solo lo tenía para mí (se ve que he madurado).

Ya hice referencia a una reflexión parecida en uno de mis primeros posts Formas de amor y formas de amar. ¿cuántas veces eres consciente de que una relación no tiene futuro y aún así lo necesitas cerca, lo quieres cuidar, quieres reír con él de chorradas dure lo que dure y a costa de lo que sea? “La prefiero compartida antes que vaciar mi vida” decía Silvio Rodriguez y no existe un amor más bondadoso y más sano que ese, el libre. El que mejor sabor de boca te deja.

  • mujer-desnuda-y-en-lo-oscuroSin embargo esa es una opción, que poca gente comparte y comprende, porque además para funcionar debe ser de mutuo acuerdo (de verdad, no de los de “si si, que ya cambiarás de opinión”). La vida los últimos años me ha enseñado que normalmente hay quien ama y hay quien se deja amar (este segundo llega un momento en el que se cansa y sigue con su vida dejando al otro como perro en la cuneta sin aceptar su destino). Ante esta realidad que me voy a encontrar y encuentro frecuentemente en una dirección u otra (ya que me confieso culpable de la parte provechosa en varias ocasiones) me planteo diferentes alternativas:
    O busco rolletes sin compromiso y con una fecha de caducidad establecida por contrato y con posibilidad de prórroga.
    O espero al príncipe azul, que tal y como están las cosas…dudo mucho que se pase por aquí.

Empezaba comentando lo de Náufrago, pero he soltado este rollo de mi vida y el amor, porque siento que pensar que pase lo que pase, contra viento y marea, la persona a la que amas siempre estará esperándote, poimages (7)rque siente ese mismo vacío que tú en su interior si no estás cerca y está dispuesto a sacrificarlo todo por ti…ya no se lo creen ni en Hollywood.
¿Es malo? no, es la esencia de la vida y te acaba curtiendo y enseñando. Una de las cosas que hay que enseñar a los niños es que la vida al final no es siempre como uno quiere.
¿Es malo? si, porque las hostias que te metes a veces requieren años de rehabilitación y varios psicoanalistas.

Por eso yo he optado hoy por hoy por dejarme querer y olvidarme de conquistar (que buf… cansa). Y si llega algún incauto (porque soy de armas tomar) que consigue tocar las teclas para que mi cerebro se rehabilite lo antes posible bienvenido será y agradecida estaré eternamente. Al final más vale no esperar nada y dejar que la vida te sorprenda. Lo mismo hasta yo sola cambio el chip, porque como dice MI psicóloga “no te mientas, tú le quieres, aunque sea libre de ti, el resto es para olvidar”. Ahí lo dejo.

¿Segunda cita? No, gracias

Cuando llevas tiempo sin relaciones estables, pasas hasta del sexo porque sí o miras a los hombres con desinterés te das cuenta de que quizá estés entrando en una distimia (normalmente pasajera). Es decir, una especie de pequeña depresión, en este caso focalizada en el sexo opuesto que se traduce en el típico “uff, ligar, que pereza, ponerme otra vez a contar y escuchar la vida del otro para nada”. Y es muy frecuente, mis amigas y yo lo comentamos muchas veces y hemos coincidido todas en una época de pasotismo sexual, aunque parece que alguna, al menos servidora, comienza a recuperarse.

descarga (1)Para ello, para no volver a caer en ese estado desmoralizante y asexual empiezo a plantearme ciertas reglas que se deben cumplir a la hora de acceder a esa primera cita. Ojo, que tanto debes cumplir tú como él, solo que tú tienes la ventaja de conocerlas de antemano y él o ella, pobre incauto/a, va a ciegas Pero son fundamentales.

Debo reconocer que no sé si por mi trabajo, mi situación actual o mi actividad constante en redes sociales tiendo a desconectar de las conversaciones que siento que no despiertan inquietudes. Por tanto, por propia definición personal no debo volver a quedar con el mismo tío si he sacado el móvil más de tres veces del bolso para mirar whatsapp, facebook, twitter o simplemente la hora. (Esta norma también la utilizo a veces para decidir la respuesta cuando alguien me pregunta si la peli que he visto es buena o mala). Si él también lo hace es obvio que hay que pedir la cuenta y largarse.

Otra norma que me suelo poner es la de que salga el prefijo “ex” seguido de la palabra “novio/a” excepto cuando es para asegurarse de que ningún/a psicópata te va a perseguir al salir del restaurante o te está vigilando con unos prismáticos mientras cenas, que a estas alturas (que no son tantas) a una ya le ha pasado de todo.

La tercera en mi caso es que no me obligue a cenar en una terraza para poder fumar mientras cenamos, pero esta creo que es más obvia.

La cuarta, para mí impepinable aunque no tanto para las esperanzadas/os, es que si en la primera cita no me entren ganas de abrazarlo, besarlo o directamente arrinconarlo sin escapatoria en el coche (otra cosa es que lo haga, que una/o siempre intenta mantener las formas para que no parezca que se conforma con cualquiera, porque no es así). No, si en la primera cita, que es cuando más esfuerzo ponen, no te lo/la comerías a besos no va a funcionar en las siguientes y mucho menos tras años de relación, no pierdas tu tiempo.

A mí la que más cribas me ayuda a hacer es la primera, porque soy la “chica del móvil” y si consigue que no lo saque ni una sola vez en toda la noche se asegura 2,3,4, 50 citas y posiblemente una boda. Pero eso, a día de hoy todavía lo considero inalcanzable.