Para este verano: Murakami

Me pidieron que recomendara un libro para leer en verano. Se podrán imaginar que a mi mente llegó una lista interminable. Sin embargo, hoy quiero recomendar uno para leer en verano y en invierno, para todos aquellos que comienzan a escribir, para los que asisten a talleres literarios o simplemente muestran simpatía por el arte de redactar historias.

Antes de eso, hablemos de su autor.

No sé si Haruki Murakami es el escritor más leído de Japón. Si no es así, no andará muy lejos de los primeros puestos. Un escritor de vocación tardía, amante del ejercicio físico y del jazz, posee un estilo único en el arte de componer novelas.

248439_portada_de-que-hablo-cuando-hablo-de-escribir_haruki-murakami_201701251238En el libro De qué hablo cuando hablo de escribir, Murakami nos detalla como fueron sus inicios –nada fáciles–, lo poco predestinado que estaba para convertirse en lo que es y, sobretodo, como fue pasando por las diferentes adversidades que a todo novelista marcan para siempre. Lo mucho y lo poco que le afectaron algunas críticas y, también, como se convirtió en un escritor de éxito.

Poco dado a los actos públicos, Murakami reflexiona en este libro sobre cómo los escritores envejecen con sus lectores; cómo se impuso su propia disciplina para ser escritor una vez que tomó la decisión de serlo, cómo carecía del talento necesario para hacer largas composiciones novelescas y la forma en que la fue consiguiendo.

No es un libro mágico. No da fórmulas secretas. Pero se me antoja recomendable cuando el lienzo de las palabras se torna negro para todos aquellos que se inician, o que ya están en el mundo de la escritura. Un libro, tal vez, para inspirarse.

Jorge Chillón
www.jorgechillon.com

Reseñas en Instagram

Esta mañana, al despertar, he visto que Blas no estaba a mi lado. Es sorprendente porque cada amanecer lo encuentro exactamente en la misma postura en la que estaba cuando me dormí, y esa postura suele ser una extraña adaptación al hueco que queda entre mi brazo derecho y mi cabeza. Como digo, hoy Blas no estaba. He tardado un poco en levantarme por aquello de que me gusta remolonear y finalmente cuando he acudido a la terraza me lo he encontrado tumbado junto a un libro que adquirí de pura casualidad en mi visita semanal a uno de los distribuidores de libros de Alicante.
El libro que Blas estaba leyendo no es muy apto para gatos y mucho menos para gatos castrados que, obviamente, no pueden llegar a comprender el contenido de este título, sin embargo ahí estaba él, agarrado al libro como un devorador de letras. Después de intentar arrebatárselo mediante la fuerza y la razón he tenido una idea: -hagamos una seccción de reseñas tuyas en Instagram, Blas!- Él como, siempre ha respondido: -Siempre y cuando me saques guapo- Como lo contrario es imposible nos hemos lanzado a la aventura y si entráis en nuestros perfil @katebl0g podréis comprobarlo. Así que nada, esperamos que os guste o, al menos, os resulte entretenida.

 

 

 

Nos despedimos hasta septiembre

Ayer, 19 de mayo, llegamos al final del primer ciclo de #ElSabordelasPalabras. Ayer batimos records. Ayer fue increíble.
Hasta la sesión anterios nos habíamos negado a ampliar el aforo de las cenas. Si bien la demanda suele ser elevada debido a la dimensión de los nombres que nos han acompañado, no queríamos que dejase de ser un entorno íntimo de aproximación entre lectores y autor, ni quitar el privilegio a los asistentes de sentir que han cenado con ellos y no donde ellos.  Pero esta vez tuvo que ser distinta por fuerza mayor, y siendo la despedida del curso no queríamos dejar fuera a nadie que nos hubiera acompañado en cenas anteriores. A pesar de eso, cerca de 70 personas quedaron en lista de espera (lo que nos obligará a volver a traer a Ismael).

Cierto que la velada fue de lo más amable, con un público entregado a un coloquio que dinamizó la cena. Un público que por fin abarcó a gente de todas las edades y que lejos de parecer extraño creó un ambiente particularmente agradable.

A Ismael no tenemos más que agradecerle su presencia y su cercanía; contestó a todas las preguntas extensamente, contó anécdotas, experiencias y confidencias, firmó libros, se hizo fotos y nos acompañó hasta cerca de las dos de la madrugada.

Aquí podéis ver y descargar algunas de las fotos que hicimos durante la cena. Esperamos que sean de vuestro agrado y que os si no habéis participado os animéis en próximas ediciones. A los que ya habéis estado, gracias de nuevo, como decimos siempre, por hacerlo posible.

Próximo viernes: Ismael Serrano

Sucede que a veces los sueños se cumplen. Así anunciaba el otro día en mis redes sociales que el poeta y cantante Ismael Serrano será el próximo invitado a las cenas literarias mensuales que organizamos en el Hotel Abba Centrum.

Ismael no solo es un cantautor o un poeta o un músico, Ismael es un icono para todos los que empezamos a escuchar música en los 90. Es la referencia para mi generación y una guía para los que nos sentíamos un poco huérfanos de cantautores.

Desde su primer disco Atrapados en Azul, publicado en 1997, hasta el último La respuesta, de 2016 he seguido sus pasos y sus éxitos y, gracias a él, mi madre tuvo siempre un sistema de recompensas bien estructurado para hacerme estudiar -«si apruebas todas te compro las entradas del próximo concierto, sea donde sea»-. Y así he recorrido media España con él y con quien ha querido acompañarme.

Hace exactamente un año tuve el privilegio de conocerle en persona y de tenerlo en el repertorio de firmas y actividades de la Feria del Libro de Alicante. Hoy sigue estando ahí y participando en mi siguiente propuesta: Cena Literaria de #ElSaborDeLasPalabras.

Gracias Ismael por haber formado parte de mi vida, por hacerla más increíble y por mantener viva esa admiración que te profeso desde que tenía once años.

ismael cena

*Actualmente no quedan plazas disponibles para la Cena Literaria con Ismael Serrano.

Algo cambió mi vida

Cuando tenía 13 o 14 años sufrí en mi espalda un pequeño accidente hospitalario. Fue una de esas veces en las que vas a que te curen y te vuelves peor. El caso es que gracias a una doctora, que no citaré porque me consta que sigue en activo, me pasé cerca de mes y medio con la prohibición de mover la espalda y, por tanto, de salir de la cama. En el transcurso de, lo llamaré así, mi retiro espiritual, sucedió algo que no podía preveer y que cambiaría mi vida para siempre. Sé que te mueres por saberlo, baja al siguiente párrafo.

Cuando tenía 13 o 14 años viví una experiencia increíble. Fue una de esas veces en las que alguien aparece en tu vida por casualidad y te sorprendes deseando que no se vaya nunca. El caso es que, gracias a él, me pasé cerca de un mes y medio, a pesar de una circunstancias de mal pronóstico para mi salud, riéndome sin parar. En el transcurso de ese mes y medio, en el que por una negligencia médica había perdido la movilidad de pecho para abajo, sucedió algo que cambiaría mi vida para siempre. Sé que te mueres por saberlo, baja al siguiente párrafo.

Cómo cambia la vida según la contemos. No deja de sorprenderme el poder del lenguaje.
Cuando tenía 13 o 14 años me trajeron al hospital un DVD de Les Luthiers que se titulaba Humor Dulce Hogar y fue el primer regalo que me hizo Antonio. Seguramente, si cualquiera de vosotros empezase una relación con una señora cuya hija está entrando en la adolescencia no pensaría nunca en ese regalo, pero él sí, sin subestimar mi sentido del humor ni mi capacidad para comprender esas bromas ligüísticas en el espectáculo con mayor valor político del grupo argentino, se convirtió en mi cómplice.

Les Luthiers han sido y serán una referencia en mi vida, la señal de un punto de inflexión en el que todo cambió para siempre. Pero sobre todo han sido mi recurso en los peores momentos y el mejor regalo de los que me han querido. Esta semana han sido Premio Princesa de Asturias y Antonio ya no está aquí para celebrarlo conmigo, pero el próximo 22 de septiembre estarán en Madrid y es posible que alguien que lea este post – y aquí disparo varias balas- vuelva a hacerme el mejor de los regalos de cumpleaños. Porque para bien o para mal, ellos, y en el fondo Antonio, me enseñaron a contar la vida de la forma más bonita.