Mitos

Mitos

Por Eduardo Boix

Cuando tenia trece, catorce o quince años soñaba con ser escritor y veía este oficio con cierto halo de misterio y misticismo. Lo sentía inalcanzable y a sus autores dioses de un Olimpo de letras y tinta. Magnificaba a los escritores, eran algo grande, como seres de otro planeta. Personas ajenas totalmente a mi día a día, a mi entorno y a todos los personajes que circulaban por mi barrio. Eran los sueños de un niño de barrio, de un barrio obrero situado en la periferia de la periferia, un lugar lejano a todo y todos.

Recuerdo el día que quedé a tomar una cerveza con uno de mis mitos, Mariano Sánchez Soler. Yo necesitaba consejos para adentrarme en una novela negra, muy negra y criminal como pocas, él accedió gustosamente a charlar conmigo. Diseccionó mi historia e hizo un recorrido por literatura y cine a la que debería echar un ojo. Fue tan cercano, tan afable, tan cariñoso que me fuí encantado aquella mañana. No se me cayó un mito, se reforzó mi visión de él, tan solo que humanicé su figura. Mariano Sánchez Soler es uno de los grandes de la novela negra de este país. No solo es un escritor de este tipo de literatura además es ensayista, guionista y un poeta con una profundidad insólita en pleno siglo XXI. Podríamos decir que Sánchez Soler es un ser poliédrico, con una sensibilidad muy pronunciada. Además de su parte creativa, ha sido uno de los mayores cronistas políticos y del género negro del país y de su transición.

Hoy me siento dichoso, aquellos mitos con los que soñaba conocer son mis amigos. Mariano es una persona generosa y cariñosa. Da gusto estar con él y compartir confidencias y bromas. Un placer estar rodeado de mitos, hombres o gentes con la profundidad de Sánchez Soler. El mito hecho carne, el hombre y su alma. El amigo.

La polémica de Max Brod

La polémica de Max Brod

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Cuando, tras insistir repetidamente en que quemaran su obra, Kafka murió en el sanatorio Hoffmann de Kierling, afectado de gravedad por una tuberculosis que arrastraba desde hacía varios años, Max Brod decidió pasar por alto todos sus deseos y publicar hasta la correspondencia personal que en su momento mantuvo con Felice Bauer, su primera prometida. Max Brod era, por supuesto, su mejor amigo, y podríamos suponer que lo hizo excusado en que Kafka no estaba en sus cabales -lo cual, si investigamos un poco, sabremos que es falso, ya que él siempre había sido muy reticente a publicar nada, y en muchas otras ocasiones ya había sacado a colación la hoguera-, o en que, tras la muerte de su amigo, el recuerdo se le hizo tan insoportable que tuvo que llevar a cabo un rápido ejercicio de memoria selectiva, el cual afectó irreversiblemente a todo lo que relacionara fuego y libros.

No obstante, fuera de toda especulación, un buen lector puede adivinar la razón que llevó a Max Brod a desatender los deseos de su amigo moribundo. Max Brod fue, más allá de la amistad, su mejor lector en vida, y esto lo dotó del egoísmo propio de cualquier lector. Este característico egoísmo, atroz, ciego, amparado en la buena voluntad y la admiración, es el que ha llevado a muchos académicos -grandes lectores- a afirmar que toda obra, una vez escrita, deja de pertenecer al autor y pasa a ser parte del acerbo cultural, una entidad intangible que destruye cualquier conato de individualidad. Sólo en ciertos casos, cuando un individuo habla con pedantería -o no- de algún autor, un ego -el del comentarista- puede quedar por encima de cualquier logro literario y escapar de la mano del acerbo cultural, lo cual supone un acto sublime de autoafirmación.

No podemos culpar a Max Brod de sentirse realizado -autoafirmado- siendo el albacea de la obra de Kafka. ¿A quién no le gustaría ser el guardián y promotor de algo como La metamorfosis? Podríamos, quizá, echarle en cara que desoyera las palabras de su amigo, pero estaríamos siendo hipócritas -recordemos que somos buenos lectores-, y la hipocresía es algo mucho más rastrero que el desacato. ¿Qué armas nos quedan, pues, contra Max Brod? Si encima le añadimos que gracias a él existe el término “kafkiano” en nuestra lengua, me inclino a pensar que, más que reproches, se merece halagos. Y temo que, si la historia se hubiera inclinado por el egoísmo del gran autor, en vez de por el del buen lector, hoy tendríamos la desgracia de no conocer un mundo literario lleno de enigmas y situaciones trepidantes, como lo es el kafkiano. Y eso sí que sería una verdadera desgracia, de la cual sólo el escritor praguense tendría la culpa.

Hay Festival de Cine

Por Eduardo Boix

Ya ha llegado el calor para instalarse con nosotros hasta que quiera marcharse. Este año casi no se ha ido y lo sufrimos más que nunca. Una de las ventajas de vivir en el levante es que se percibe la alegría. Somos de carácter callejero, terracero, nos gusta la calle y aquello lo mostró en su cine Berlanga. El director nos enseñó la forma de ser del valenciano, sus luces y sus sombras. Hizo un retrato perfecto, e incluso se adelantó a su tiempo en cuestiones como la corrupción política o cómo se cerraban negocios en cacerías.

El pasado fin de semana, en el ADDA de Alicante, se inauguró el festival de cine de Alicante. Aunque no sea directamente, debemos dar las gracias a Berlanga por su lucha en favor de que el cine valenciano tuviese su peso específico. Vivimos en una zona donde el talento se respira en cada poro. Son muchos los guionistas, directores, compositores, fotógrafos, etc., que han salido de estas tierras. Nuestra zona ha sido lugar privilegiado para grandes producciones. La Ciudad de la Luz fue una idea del genio valenciano, pero una mala gestión de una sociedad podrida de corrupción hizo que se fuera al garete.

Me siento feliz y afortunado por vivir en una zona tan rica en festivales de cine, en amor por el séptimo arte. Es una zona privilegiada por la cantidad de encuentros y que la temperatura acompaña. En Elche se realiza el festival en el marco incomparable del Hort del Xocolater, al aire libre, como los cines de verano de antes. No sabemos lo que tenemos, pero sí debo decir que hay que potenciarlo más, que la cultura no se consigue de la noche a la mañana. La base ya la tenemos: solo hay que empujar.

Stretching

Stretching

Por Eduardo Boix

Una de las cosas que mas me fascinan de vivir en el Mediterráneao es la luz que hay. Solo tenemos que mirar los cuadros de Sorolla para apreciarlo. Esta claridad que nos gobierna esta impregnada en nuestro carácter haciéndonos más abiertos si cabe. Es maravilloso ser conscientes de lo privilegiados que somos ante la temperatura que soportamos y la luz que todo lo invade. Porque realmente es nuestro mejor producto y así deberíamos venderlo ante otros países. Es el paraíso de pintores, cineastas, fotógrafos de todo el mundo.

El pasado sábado me percaté de la cantidad de dibujantes que hay por mi ciudad, Elche. No me había fijado antes, tal vez por las prisas o por mi despiste que, por suerte o desgracia, es constante. El colectivo cuadernos viajeros hace la labor de dejar constancia de la realidad que percibe. Solo hace falta un cuaderno, un lápiz, rotulador, pluma, bolígrafo, pinturas para colorear y paciencia. No se trata de realizar obras hiperrealistas que se asemejen a una fotografía, deben ser esquemáticos, como bocetos o apuntes. Es maravilloso ver trabajar a estos notarios de la realidad. Dan fe de lo que ven y lo plasman, sin más intención que eso que mostrarnos lo que ven desde su prisma.

Uno de los mayores ilustradores que realizan este estilo es Enrique Flores. Son famosos sus cuadernos de viajes y sus cuadernos sobre el 15M en los que ha sabido a bien plasmar la efervescencia del momento que se vivió. “Stretching” así llama a la técnica que me tiene fascinado por su sencillez y fuerza. Muchos dibujantes de la tierra deberían lanzarse al reto, dibujar sus calles, sus plazas, registrar todos y cada uno de los momentos de su vida con dibujos. Que se conviertan en notarios de su propia realidad.

Anfitriones de una derrota infinita

Existe una poética en una generación. Se transitan espacios comunes. Viejas estampas de un país que salía de un

Eduardo Boix
Eduardo Boix

túnel oscuro, hacía una luz que hoy sigue siendo incierta. Mi infancia, nuestra infancia fue la última que buscaba palabras en diccionarios y espacios en atlas. Una infancia donde la tecnología más avanzada era una calculadora o un reloj Casio 50m sumergible (nunca lo averigüé). Una infancia de barrio Sésamo, vinilos, Nocilla y champú antipiojos y sueños por cumplir.
Conocí a Joaquin en el sitio habitual que se conocen a los poetas, la barra de un bar. Más concretamente el bar Paquito del barrio del Raval de Elche. Una antigua bodega convertida hoy en uno de los bares de tapas más emblemáticos de la ciudad doblemente patrimonial. Nos presentó el amigo Nacho Escuín tras un recital que dimos en el centro de cultura contemporánea l”Escorxador donde participábamos en la primera edición del festival de poesía Nosomostanraros. Entre Joaquín y yo surgió un flechazo poético que hasta hoy perdura.
Pero hoy no hemos venido a hablar de la amistad, que también, pero centrémonos en la poética de Joaquín, y más concretamente en Anfitriones de una derrota infinita. Ya el título nos anuncia todo lo que va a venir, esa derrota infinita que se ha instalado en la cotidianidad de cada uno. Pensarán ustedes que es una visión demasiado negativa, oscura quizá de la vida, pero les puedo asegurar que no, Joaquín posiblemente sea una de las personas más esperanzadas que conozco y siempre se muestra con una sonrisa.
Anfitriones de una derrota infinita nos habla de lo que fue y de lo que puso haber sido. Nos muestra la vida con todas sus costuras, podemos ver el interior de la herida y hurgar en ella si es necesario.

Este poemario es un canto a lo perdido pero también un repaso de experiencias, como una lista extraña de la compra, donde los productos son los recuerdos que se han ido acumulando a lo largo de los años.
El cine también es un tema principal y recurrente en la poética de Penalva. Babilonia Mon amour, el primer poemario escrito a cuatro manos con Luis Bagué ya fue muestra de ello. Tal vez, el cine, la película sea un mero instrumento para contar lo que siente o lo que ha despertado lo visionado.
A Joaquín y a mí nos une una sincera amistad. Él es de esas personas que te llegan como poeta y como ser humano. Los dos somos hijos de un mismo tiempo, incierto pero apasionante. Somos como dos amigos que viven dos vidas distintas pero compartiendo espacios comunes en cierto modo. Sentimos la vida de una forma parecida y eso se nota. 񗹤Bebemos de casi las mismas fuentes y soñamos casi los mismos sueños. Yo contemplo su entusiasmo y el aguanta mis silencios, porque hablar no es mi plato más fuerte. Porque eso en definitiva es la vida, un sinfín de concesiones que nos sirven no estar en una batalla constante. Porque la vida para Joaquin como para todos es una apasionante película con un mal guión, porque siempre acaba muriendo el protagonista.