Encuentro con Ignacio Martínez de Pisón

Hace seis años, dentro del ciclo “Cada cual. Encuentros con escritores hispanos contemporáneos” organizado por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, tuvimos la suerte de disfrutar, del 14 de febrero al 14 de marzo, de cinco autores que dejaron una huella muy especial en el público de esta ciudad y, particularmente, en esta que les habla. Les estoy hablando de Soledad Puértolas, Rosa Montero, Julio Llamazares, José Mª Guelbenzu y, cómo no, Ignacio Martínez de Pisón

La velada no tuvo desperdicio, entre otras cosas porque Ignacio se sentía como en casa en aquél salón de ADDA y contó, con mucho sentido del humor, detalles de su obra y de su vida que no suelen figurar en las solapas de los libros ni en ningún anecdotario que se precie.

Allí descubrí, como dice José Carlos Mainer, que Martínez Pisón concibe la novela como un desvelamiento paulatino de la complejidad, como un descubrimiento del mundo visto con los ojos de quien acaba de llegar a él. Así, la primera novela: La ternura del dragón, se gesta como imagen literaria desde un principio y sin que el autor disimule el juego. Lo vemos en personajes como el escritor adolescente, la abuela, el abuelo identificado con el dragón, figuras todas muy ambiguas, y en tránsito impredecible de lo admirable a lo abominable. Era su primera novela, pero había ya en ella un universo novelístico cifrado dentro de una mansión: paraíso y reclusión al mismo tiempo, misterio y cotidianeidad, lo ajeno y lo conquistado, el pasado y la familia pero, sobre todo, los espacios inmunes de la infancia, que sin quedarse en eso (como ocurriría después con todas las obras de Ignacio) acabarían siendo la metáfora de una sociedad y de un país: España al final del franquismo. 

Conozco a muy pocos escritores tan leales a esa visión primera, a su concepción de la literatura y de la vida como ya dejó marcada en 1984 con aquel primer libro publicado en Anagrama. 34 años después, han pasado muchas cosas y muchos libros. Sólo por refrescar la memoria citaré: Alguien te observa en secreto (1985), Antofagasta (1987), El fin de los buenos tiempos (1994), Carreteras secundarias (1996), María bonita (2001), El tiempo de las mujeres (2003), Enterrar a los muertos (2005), Dientes de leche (2008), El día de mañana (2011), La buena reputación (2014), Derecho natural (Seix Barral, 2017) y Filek: El estafador que engañó a Franco (2017).

Es difícil entender la narrativa actual sin la presencia de Ignacio Martínez de Pisón, quizá porque ha construido una de las trayectorias más sólidas y singulares de la literatura contemporánea en español. Su mérito, a mi juicio y al de muchos, como decía al principio, es haber sabido combinar el retrato del mundo familiar y de los conflictos de la gente común con la evolución de la sociedad española en las últimas décadas, y conjugar la conquista de nuevos territorios literarios con la fidelidad a una estética coherente. Metódico, riguroso y casi patológicamente falto de vanidad, su conversación muestra la aspiración de claridad que vemos en sus ficciones, en sus ensayos y sus guiones cinematográficos. Lo van a comprobar.

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