El Imperio del sol

eduardo Boix

Por Eduardo Boix

Vivimos en el paraíso, eso es una verdad universal. Podemos presumir de vivir en una de las zonas privilegiadas de la tierra. A veces nos quejamos del exceso de humedad, pero el calor es nuestra forma de vida. Somos mediterráneos y como tales convivimos los unos con los otros. Alicante, como provincia, sí que podría ser El imperio del sol.

James Graham Ballard, visionario autor de imágenes turbadoras, pasó las vacaciones del año 1963 en algún apartamento de la playa de San Juan. Ballard, fue un escritor inglés de ciencia ficción. Un gran número de sus escritos describen distopías, sobre todo de historias que anuncian problemas medioambientales. En su autobiografía Milagros de vida, cuenta cómo su esposa fallece en aquellas vacaciones. Mary Ballard era su pilar, su vida. Sacó adelante a sus tres hijos y rehizo su vida con Claire Walsh, que lo acompañó hasta su muerte. Pero es en aquella obra donde nos dibuja el dolor de la muerte de su esposa y cómo un coche fúnebre de caballos la traslada al cementerio protestante de Alicante.

Aquella España negra sumida en una dictadura, se presentaría exótica a los ojos de aquel británico hijo del colonialismo. Por aquella época a los treinta y tres años, aún no era el autor que fue después, pero si creo que algo le influiría su estancia por estas tierras. Ballard, el visionario, mostró la decadencia como espacio de habitaje. Somos una sociedad Kitsch y desmesurada. Algunas zonas de la costa Alicantina, bien podrían ser paisajes soñados por el autor de libros como Crash o El imperio del sol. Los edificios deshabitados, los night-clubs y hoteles abandonados, las piscinas vacías, los desiertos. Nuestra costa esta repleta de esta iconografía, por ello parece que con los años hemos acabado haciéndole un homenaje. Somos producto de la mente del escritor británico. Somos personajes dentro de una de sus obras. Vivimos en tiempos inciertos, repletos de contradicciones. Pero a pesar de todo seguiremos disfrutando de El imperio del sol.

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