Ascensión (nuevo relato de @la_carne_de_eva)

Ascensión no puede dejar de sentir que la vida la tiene atrapada sin escapatoria en azahares sobre los que no tiene potestad. Ascensión vive a través del padre enfermo al que prometió cuidar hasta que este faltase, tiene 39 años y un vientre virgen hecho de rescoldos que jamás han sido prendido.

Pero eso fue ayer, hoy todo está cambiando, y lo está haciendo con prisas, porque cuando su hermano mayor, que pronto será padre, bajó el balancín del desván donde llevaba durmiendo el sueño de las cosas inútiles desde que su padre lo pusiese allí, se le aceleró el corazón y se le dibujó una sonrisa en los labios que no quiso disimular

Acababa de recordar una tarde en la que para calmar el llanto de la niña negra se había subido a ese mismo balancín. El estrecho asiento le venía pequeño a sus caderas de mujer en ciernes. El peso de su hermana la dejó encajada, y el balanceo y el roce hicieron el resto. Tras varios vaivenes tuvo que soltar la niña, porque los ajenos relámpagos que el frotamiento le provocaban le hacían perder el control de su cuerpo.

Aprovechando un momento de soledad, ha intentado subirse al balancín, pero sus nuevas hechuras no se lo han permitido. Luego, en su cama, ha querido recordar aquel calambrito extraño y delicioso que aquella tarde la transportó a los dominios de un placer que jamás se atrevió a repetir. Tras largas horas de fracaso, decide inventar su propio balancín pasando una mano por la espalda a través de sus nalgas de virgen sin fe, y entrelazándola con la otra bajo el excitado vientre. El balanceo es constante y monótono, hasta que el primer chispazo de electricidad golpea sus ingles y traspasa su cerebro. Siente miedo y se suelta.

Se obliga ha intentarlo de nuevo, coloca entonces las crispadas manos, una sobre la otra, y el cuerpo en posición fetal sobre un costado. Enseguida vuelve a recibir el mismo chispazo estremecedor. Quiere más. Deja libre una de las manos y corrige la postura. Bocarriba, con los ojos cerrados, ya no se balancea. Una única mano la mantiene expectante bajo un ritmo dulzón y cadencioso. En el último segundo, previendo lo que está a punto de pasar, abre los ojos y muerde la mano libre para ahogar el grito que ya se le escapaba. Un temblor sin nombre la domina. Quiere parar de reír, pero no puede. Un sofoco desconocido enciende sus mejillas de vieja prematura. Su pensamiento enloquece. Ha encontrado la llave que durante tantos años ha buscado en los lugares equivocados. Huele su mano. Le gusta. Un cansancio nuevo la domina. El insomnio ya no existe.

La mañana la alcanza fresca y cansada como nunca antes. Se viste y baja a la cocina donde una cháchara simple y sin sustancia la aguarda fiel. Tras el desayuno compartido se levanta. Su interlocutora la despide sin mirarla con una frase que hasta ayer la mortificaba.

—…Y que se vaya a quedar usted para vestir santos con lo guapa que es.

Ascensión sonríe antes de contestar.

—Hay cosas peores. Se lo digo yo.

Un comentario sobre “Ascensión (nuevo relato de @la_carne_de_eva)

  1. Me gusta imaginar que los pequeños fragmentos que podéis leer en este blog cada dos lunes sobre los personajes de La carne de Eva sucedieron durante el transcurso de la novela, y que el autor (servidor) no supo como encajarlos dentro del laberíntico contexto.

    A los que ya la han leído, espero que los disfrutéis, y a los que no, que os pique la curiosidad por saber más de ellos.

    Un saludo, Casaseca.

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