Realidad y deseo (prueba)


Este texto está extraído de una historia de veinte capítulos. Parte de la historia se destruyó pero he encontrado este fragmento en un viejo e-mail. No deja de tener su punto bohemio el asunto. Aquí lo dejo, para los que no salgáis hoy de fiesta, que seréis pocos.

La noche por ser triste carece de fronteras.
Su sombra en rebelión como la espuma,
rompe los muros débiles
avergonzados de blancura;
noche que no puede ser otra cosa sino noche.
Luis Cernuda

Siete, capítulo siete. El siete es mi número favorito. Cuando iba al colegio era el número veintisiete en la lista de clase. Luego en la universidad era el ciento veintisiete, curioso. La matrícula del coche de mi madre tenía dos sietes y yo vivía en el número siete. Es una tontería que estaba pensando a raíz de poner el número del capítulo. Siempre ha sido mi número favorito y no me había parado a pensar el por qué. Todo lo que he dicho excepto lo de la universidad es anterior a mi décimo cumpleaños, cuando todavía mi padre vivía en mi casa. El momento en el que se produjo aquella ruptura matrimonial mi vida se quedó partida en dos y yo tenía la sensación de estar en el centro de ambas partes. Cuando tu infancia tiene un revés de este tipo los adultos no llegan a comprender el dramatismo de la situación; custodia, régimen de visitas y pensión alimenticia son palabras nuevas que se incorporan al vocabulario del día a día y que no terminas de entender. El horario del colegio añade una cuadrícula más para los miércoles de cinco a ocho que se llama papá y las noches nunca vuelven a ser igual de tranquilas. Yo recuerdo sentir que estaba en medio de la nada sin saber hacia dónde mirar. En el colegio siempre enfermaba de la barriga para que llamaran a mi padre y que viniera a por mí. Me preguntaban “¿otra vez mala? Siempre estás igual” pero es que la situación no cambiaba y lo que ellos no entendían era que lo que se me había indigestado era precisamente la vida.

Recuerdo que trataba de tender un puente entre las dos partes. Los dos hemisferios opuestos en los que tenía que moverme puente2al son de las normas que había pactado algún abogado o alguna ley sin corazón. Pero no era fácil. Tensaba el puente y quería correr hacia un lado u otro pero el peso de la culpa y el vértigo de las posibles consecuencias no me dejaban mover los pies, porque sentía que mi lugar era ese centro, esa nada que no me daba derecho a opinar.

Yo me he separado ahora porque no tengo hijos y porque sé que tarde o temprano iba a hacerlo. Mejor pronto que tarde. Una vez le preguntamos a mi padre que por qué razón se había separado, su respuesta fue clara “era una serie de incompatibilidades anunciadas”. Exactamente igual que mi última relación. No sé si es porque tengo la necesidad de analizar cada aspecto de la pareja y soy demasiado exigente o quizá simplemente incompatible con las relaciones estables. Demasiadas decepciones en pocos años. Es posible que por eso apareciera Platón.

Después de aquel e-mail misterioso y de investigar al tal Ricardo Mezquida traté de olvidarme de todo, pero era imposible. Es como cuando te dicen “no pienses en elefantes rosas” y te imaginas un elefante rosa. Ahora acabo de imaginarme un elefante rosa. El cerebro es un borde pero si eres inteligente puedes usar esa bordería contra él. Yo uso esa técnica cuando tengo insomnio y pienso “no me debo dormir”, la tercera vez que lo repito bostezo.

Cuando tratas de bloquear un pensamiento durante el día o distraerte lo más probable es que aparezca por la noche. Cuando el corazón baja la guardia y nadie puede salvarte de tu inconsciente. Ya era abril, primavera, hormonas y mucho mucho sueño. Era el momento perfecto para reencontrarse con Platón y sucumbir a su historia.

Volvió a aparecer. Vino a verme al trabajo, apareció allí como si nada. Tan perfecto, tan sereno. A veces no comprendo cómo puede pasear por la calle ante la indiferencia de los demás. Su cara era muy expresiva, dejaba ver una sonrisa de satisfacción y sus brazos me rodearon y silenciaron la ciudad que, por un instante, dejó de existir. Lo malo de los sueños es que la intensidad de las emociones es incontrolable.

Allí estaba, sentado en el aula mientras yo trabajaba con un muchacho. Alternando su mirada entre la ventana y la clase, tratando de no intimidar. Me preguntó si quería que me esperase en otro lugar, pero no quería perderlo de vista, tenía miedo a despertar entonces y que de nuevo hubiera desaparecido.

Acabó la clase y me preguntó si me dejaría llevar. Accedí ansiosa por la curiosidad que me producía aquel individuo del que no sabría adivinar ni la edad ni el pasado.

El sitio es lo de menos, dijo. Entonces subimos a un coche y paramos en un lugar tranquilo. -Por ahora está controlado, solo quiero hablar contigo- dijo.

Por la noche sus ojos no eran tan intensos, la pupila dilatada no dejaba apreciar el color, pero yo recordaba bien ese verde grisáceo. Sus labios eran gruesos, rosados y pequeños. Llevaba una camisa algo desabrochada, un vaquero y unas zapatillas. Me gustaba su forma de vestir, de hablar, de mirar… una no es de piedra.

Resultó ser un personaje curioso, de los que puedes tomar por loco de no valorar en su justa medida las palabras que utilizaba. La vida también lo había golpeado muchas veces y ahora estaba solo. ¿Cómo podía epareja playastar solo semejante ejemplar del ser humano? Seguía necesitando saber por qué razón estábamos allí sentados, es decir, él allí, conmigo, ¿por qué yo? Pero no quería dejar de escucharle e interrumpir su historia con preguntas cuyas respuestas en el fondo me importaban un bledo. Por primera vez en mucho tiempo sentí que estaba donde debía estar.

Fue entonces cuando llegó el momento más complicado, iba a sonar el despertador. Él cogió el coche y me llevó de vuelta a casa, donde debía despertar en tan solo unos segundos. Justo en ese momento, cuando me fui a despedir con un abrazo sus labios se detuvieron en los míos.

Cuídate pequeña, nos vamos a ver pronto.

Y entonces abrí los ojos.

10 comentarios sobre “Realidad y deseo (prueba)

  1. A veces ponemos demasiado énfasis en saber… ¿qué importa si es cierto o verdadero? Al final, todo son puntos de vista 😉

  2. Tu historia me remontó a miles de ideas, los sietes, siempre estoy contando y tratando de encontrar el sentido y significado a los números que rodean mi vida, los sueños, el como las personas que parecen geniales, están solas. Uf mucho que pensar… Wow sude, saludos

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