Felipe (de @la_carne_de_eva)

Hoy nos llega el primer cuento para el blog de Casaseca, en autor de La Carne de Eva en Click Editorial (Grupo Planeta). Espero que os guste porque en él presenta a Felipe, uno de los personajes de la novela que podéis comprar en este enlace: La carne de Eva por 3,79€.

Felipe se levantó temprano, aún era de noche. La tarde antes había decidido que ese día vería su primer automóvil, pero no comentó nada con su hermano ni pidió permiso a su madre. Felipe tenía seis años, las ganas de vivir que da el hambre y una lagartija amaestrada que vivía en su bolsillo.

Sin haber dormido, escapó de casa con un salto sin ruido a través de la ventana del cuarto compartido. Aún quedaban un par de horas para que rayara el sol en el irregular horizonte, pero no le importó. Desde Malcocinado, a través del camino de polvo que atravesaba la comarca y un par de riachuelos sin lustre, había que andar ocho kilómetros hasta llegar a la carretera general.

Su infalible plan consistía en llegar antes del amanecer, y así evitar cualquier encuentro que pusiese en riesgo la empresa, subir a alguno de los árboles que custodiaban la negra carretera, y esperar a que pasara un automóvil.

Felipe llegó a su destino con el sol apenas asomando por encima de los agostados maizales, se subió a un añoso nogal y se dispuso a esperar.

image[33]Las horas de inmovilidad se le hicieron inabarcables, y aún fue peor cuando los plomos de las horas centrales del día cayeron sobre él, paralizaron la vida a su alrededor convirtiendo la pista por la que habría de venir el automóvil en un tembloroso charco que desdibujaba el horizonte y espolearon las ruidosas chicharras.

Felipe jamás pensó que tendría que esperar tanto tiempo. Para evitar dormirse y entretener el aburrimiento sideral que lo acosaba, se dedicó a acechar las moscas que compartían su sombra y a ofrecérselas a Quina, su lagartija. Pero, antes del mediodía, al pobre animalito ya no le cabía un insecto más en las tripas y se retiró al bolsillo dejando a su amo solo en la lucha contra el sueño que ya lo dominaba.

Todavía aguantó un par de horas más hasta que fue capaz de admitir que ya se había rendido. Antes de bajar de la vegetal atalaya miró largamente en un sentido y en otro esperando que la deseada visión lo sorprendiera, pero no sucedió nada.

La tarde aún no se había decidido a languidecer cuando Felipe emprendió el camino de regreso. Tenía hambre y la garganta oreada por las largas horas sin beber. Además, estaba seguro de que su madre le arrancaría una oreja, sino las dos, antes de igualarle el lomo a correazos, y de que su hermano lo abroncaría inmisericorde hasta que ya no quedasen palabras.

La lagartija se rebulló en el bolsillo de su dueño antes de decidirse a salir. Faltaba algo menos de un kilómetro para llegar a su casa cuando le llegaron las primeras voces. Gritaban su nombre y parecían desesperadas. El muchacho no estaba asustado. Sonrió. Tomó a Quina, que ya le subía por un costado, entre sus manos, la acercó a la boca y besó las escamas de su espalda mientras le susurraba.

—¿Sabes qué? Falta un día menos para que veamos un automóvil.

Un cuento de Casaseca

4 comentarios sobre “Felipe (de @la_carne_de_eva)

    1. Es cierto. Aunque es posible que con la edad de Felipe ese día menos sea una bendición esperada, y luego, cuando la vida es mucho más larga que el futuro, se transforme en una maldición sin remedio.

    1. La esperanza de conseguir lo deseado nos mantiene ilusionado, pero que no se nos olvide vivir mientras dure la espera, y que, como a Felipe, no nos dé miedo intentarlo.
      Un saludo para ti también.

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