El último adiós


He luchado, a veces con llantos. Al final me ha ganado, por eso estáis aquí…
Felices los que lloran…Es la hora de la separación. Me haréis presente cada vez que me recordéis, habléis de mí.

IMG-20141005-WA0000Quizá cuando toda tu vida pasa por delante y apenas los dedos responden a lo que tu corazón necesita gritar haces un último intento en una hoja que nadie pueda leer antes de tiempo, donde nadie sospeche y pueda averiguar que de una forma u otra, esperas lo inevitable y tratas de que nadie sufra más de la cuenta porque sabes lo cerca que estás del último adiós.

Casi no encontramos las palabras que leí al principio, como digo nunca las hubiéramos buscado en el lugar en el que las escribió de no ser por un sueño de Laia. Yo no sé dónde va nuestra energía al salir de nosotros. Me gusta pensar que se funde en cada uno de los que estamos a su alrededor. Que fluye entre los que le dimos la mano en los últimos segundos. Me gusta pensar que cuanto más unidos nos veamos más presente está él.

Quizás por eso nos pedía que aunque él no estuviera nos mantuviéramos en contacto. Quizá es esa su manera de seguir vivo.

Pero es importante que sepáis que con la pérdida única de un ser humano como era él el mundo perdió un valor infinito de bondad. Un corazón tan grande que tuvo que romperse cuatro veces para seguir destilando amor y que a pesar de eso no dejó de latir.

Conviene que sepáis que Antonio, a lo largo de su vida, adoptó dos familias. Que cinco personas desarrollaron la sensibilidad a su lado. Que cinco fueron los niños a los que educó, y que a los cinco les guió por la senda del corazón. Y que de lo que nunca te arrepientes es de lo que el corazón dicta, porque aunque te hayas equivocado, hecho el ridículo o naufragado, el mundo y tú sabréis que solo actuaste por amor y es imposible no amar a un hombre bueno.

Es sols per l´amor que en creixen roses als dits.

Así que cinco son las rosas de los versos de Martí i Pol que te crecieron, una por cada dedo de la mano, explicabas, (Laia, Betty, Carles, Guillermo y Marina) que seguirán la raíz que solo por amor creció en tu vida y que fuiste el tronco sin el que hoy, casi un mes después, todavía nos sentimos perdidos.
No conozco a nadie que tenga una sola palabra de rencor hacia de quien hoy hablamos. Nadie hay en esta sala a la que no dedicaste una sonrisa, quizá un abrazo, si tuviste el placer de conocerlo. Y si no, podréis notar que desde aquí, a mi lado seguramente os mira y os sonríe, os agradece esta despedida sincera.
Libertad no conozco sino la libertad del amor, la única libertad que me exalta, la única libertad porque muero.

Cómo podría decírtelo
para que me fuese sencillo, para que te fuese verdad,
que a menudo me sé tan cerca de ti, si canto,
que a menudo te sé tan cerca de mí, si escuchas,
y pienso que nunca me atreví a decirte siquiera,
que debería agradecerte todo el tiempo que llevo queriéndote.

Que juntos hemos caminado,
en la alegría, en la pena,
que a menudo has llenado el vacío de mis palabras
y en nuestra complicidad siempre me has dado un buen consejo.
Por todo esto,
debería agradecerte todo el tiempo que llevo queriéndote.

Que pasan los años,
llega nuestro adiós, y así ha de ser,
y me pregunto si hallé el gesto correcto,
y sabré acostumbrarme a tu ausencia.
Pero todo esto es otra historia,
ahora quiero agradecerte todo el tiempo que llevo queriéndote.

Te quiero, sí,
tal vez con timidez, tal vez sin saber quererte,
te quiero
y lo poco que valgo me lo niego ahora que no estás
te quiero, y me sé feliz simplemente de haber estado mientras eras y de
poder haber compartido a tu oído lo que aquí mismo repito mientras dejabas de ser.