Estar vivo es ser feliz


Y después de mucho tiempo y mucho sufrimiento una se da cuenta de que todo es relativo. Son muchas las personas que vienen a consulta con problemas gravísimos que no saben resolver  y muchísima ansiedad que no saben controlar.
La primera vez que fui a la psicóloga fue en esas circunstancias. Tenía dieciséis años, mi primer novio y mucha inseguridad. Era un problema gravísimo. No podía dormir pensando en que lo perdería, me entraba dolor de barriga cuando me decía algo que me hacía dudar sobre lo que él sentía por mí…Suspendí cinco asignaturas un trimestre por culpa de esto y fue entonces cuando mis padres decidieron buscar ayuda. Algunos tenemos tendencia a ahogarnos en un vaso de agua. No hay que decir que la psicología me ayudó tanto que se convirtió en mi vocación.

Hoy por hoy soy yo la que se sienta en ese despacho (esta línea parece sacada del anuncio de caramelos) y hay gente que viene con problemas verdaderamente graves y difíciles de resolver. No está en mi mano, como es lógico, arreglar el problema, lo único que podemos hacer los psicólogos es ayudar a ver ese problema desde otra perspectiva o a controlar las consecuencias que algo, muchas veces irresoluble, está generando en la persona que tenemos enfrente. Muchos me dicen “sé que es una tontería pero no puedo evitar ponerme así”, ante esto yo siempre respondo la misma frase “nada que pueda hacerte sufrir es una tontería, pero lo podemos convertir en ello si tú quieres”. Obviamente siempre responden sí.

Pasan los años y muchos de los niños con los que he trabajado, se ve que mirando sus contactos de whatsapp me encuentran. Ya no son tan niños, pero se acuerdan de mí. Algunos me escriben y me agradecen que les ayudase a ver la vida de una forma diferente, que les enseñase a relativizar los problemas como a mí me enseñaron (de hecho yo también sigo hablando de vez en cuando con mi psicóloga). Lo que no saben es que muchos de ellos me enseñaron a mí mucho más de lo que yo pude enseñarles a ellos. Que gracias al dolor, la fuerza y el valor que he visto en consulta he sido capaz yo de afrontar muchas cosas y que para mí ellos también son una terapia.

Sobre esto debo añadir que este blog se llama como se llama como homenaje a lo que arriba comentaba. La representación gráfica de cómo la gente puede hacernos cambiar de perspectiva la vi en el final de la película Desmontando a Harry, con un diálogo entre  Harry (Woody Allen), que a sus sesenta sigue siendo como yo a mis dieciséis y un amigo suyo que siendo más joven ya está muerto (el mayor miedo de Allen).

La experiencia, la vida y los demás pueden hacernos aprender a ver las cosas de otro modo si les abrimos la puerta de nuestra razón. Da igual la edad, el sexo e incluso el nivel intelectual, todas las personas tienen algo que enseñarnos y si fuéramos capaces de coger tan solo la mitad de lo que nos ofrecen cada una de ellas seríamos también la mitad de desdichados.