“bueno, da igual, no funcionaría”


Desde la ventana de la habitación donde está mi imac me surgen muchas metáforas. Cada día miro el mar, sentada en mi sillón  de mimbre y veo las olas romper en la arena, las escucho, casi las puedo sentir en mis pies. Hay veces en las que llego a pensar que conozco el mar y su carácter; unos días parece enfadado, otros inquieto, otros está en paz…Se convierte en un personaje más de mi vida, un amigo del que recibo todo pero al que apenas puedo dar nada.

Hoy parece que está inquieto, igual que yo. El ruido de las olas se podría considerar la banda sonora de mi cabeza; de un lado para otro, rompiendo sin parar, con una fuerte corriente que lleva todo lo que pretenda entrar en ella hacia el fondo, hacia la oscuridad, hacia los rincones más perdidos y tristes de la memoria.

Me replanteo muchas cosas, está siendo un año muy complicado. Los que escucháis el programa de radio podréis deducir a raíz de qué sucesos viene mi inquietud y mi tristeza generalizada. Por otro lado, y aunque eso ocupa un gran espacio en mi cabeza no puedo mantenerme al margen del mundo, de las relaciones, del amor y de la vida.

9998909915_a6379c88a6_z
Foto extraída de: https://www.flickr.com/photos/rein-e-art/

Después de tanto golpe te vuelves intransigente, es verdad. A veces lo hablo con mis pacientes y siempre acabamos concluyendo que no puedes pagar con una relación los miedos que te han generado las anteriores, pero sí, es imposible, al menos en un primer impulso. Me he comido tanto la cabeza con los chicos a lo largo de mi vida que mi cuerpo rechaza bruscamente todo aquello que le haga pensar más de la cuenta o le exija un nivel de comprensión que perturbe su paz y su descanso. Quizá no sea justo. Quizá el hecho de que otros hayan quemado esos cartuchos de mi mente no justifique que ahora no sea capaz de luchar por nuevas relaciones. Para ello, no sé si os ocurre, hay un atajo mental, una llave que por un momento te devuelve la paz: “bueno, da igual, no funcionaría”. Son las palabras que te dan la excusa perfecta para no pensar y cambiar de tema, no correr el riesgo de luchar y volverte a sentir decepcionada. Y de pronto tu humor vuelve a cambiar y por un rato te sientes segura de nuevo. Pero es mentira, llegas a la cama por la noche, te quedas mirando el techo y escuchando de nuevo al mar. Su banda sonora se vuelve a fusionar con las sinapsis de tu razón y entonces te planteas por qué las olas siguen llegando a pesar de conocer su inminente destino, y que si ellas siguen teniendo esperanza después de tantos milenios te dejan sin motivos ni llaves para justificar tu derrota.

2 comentarios sobre ““bueno, da igual, no funcionaría”

  1. Creo que a todo el mundo le ha pasado eso alguna vez, darse justificaciones y rendirse. Y no solo con el amor, si no con todo. Es un “mecanismo de defensa” que tiene nuestro cerebro para defendernos y no volvernos locos… Para mantener nuestro autoestima. Está bien autoengañarnos de vez en cuando, el problema es cuando se vuelve costumbre porque puede llegar un momento en el que si merezca luchar por algo o alguien y que nosotros ya lo demos por perdido cuando podría haber acabado con un final feliz. No se si me explico vaya…

    Un saludillo 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s