Mi carta a los Reyes Magos

Se acerca la navidad. No me gusta. La navidad para mí no es lo mismo desde que no vivo en Benalúa (un barrio céntrico de mi ciudad). Si dejé de vivir allí fue porque mis padres decidieron que la mejor opción para todos era que se separasen. Posiblemente tuvieran razón, no creo que lo hiciesen para joder, pero lo que siempre pienso por estas fechas es que las navidades sí que se fueron al garete. Coincidió con el año en el que dejé de creer en los reyes porque una tal Tania me dijo en el comedor del colegio que eran mis padres. Eso convertía a los tres Reyes Magos en dos, y si encima se separaban y tenía que elegir con quien pasaba la noche de reyes… pues solo me quedaba un rey. Fue una navidad triste y de ahí para delante bueno, me he ido adaptando pero nunca fue lo mismo. Esa había sido una de las espinitas de mi infancia, hasta hace dos o tres años. Cuando los medios de comunicación se empezaron a hacer eco de la cantidad de niños que no pueden llevar un bocadillo al cole para almorzar. Que comen en sitios rodeados de personas que no pobres-españaconocen haciendo cola para poder llegar al plato de sopa, que se desmayan en clase porque hace más de diez horas que no han llevado a la boca ni un trozo de pan. Niños que hace cinco años tenían una vida normal y prometedora, que creían en los Reyes Magos y que destapaban regalos cada navidad. Niños que ahora se están perdiendo su infancia en un país que dice no ser tercermundista de puertas para fuera pero que puertas para dentro deja que la gente se pudra en los rincones. Que desahucian familias sin pudor y se quejan de que los ciudadanos intenten detenerlo. Los niños no se merecen ver la crueldad de la vida, son unos pocos años los que el ser humano tiene para vivir feliz en la ignorancia, para acostarse en navidad con la ilusión de que la magia invadirá su casa y con la sonrisa de sus padres mientras ellos ponen la mesa.

Señores del gobierno, ya que solo actúan por los ciudadanos en campaña y este mayo empiezan las municipales les pido por navidad que acaben con la pobreza infantil en nuestro país. Que dejen de lado otras causas menos urgentes e inviertan los recursos en los que política y moralmente, asúmanlo, también son sus hijos. Porque si tienen vocación de gobernantes entenderán que su pueblo es su responsabilidad. Hagan que esta navidad los niños de España vuelvan a creer en la magia de los Reyes Magos o al menos, que simplemente, dejen de pasar hambre.