Lo que no debería ocurrir (#cajas fúnebres)


Estás trabajando, un día normal y de pronto te llega un mensaje “sabes que ha fallecido José Luis? El del cole” y sabes perfectamente de quien te hablan, aunque tienes que hacer un poco de esfuerzo para recordar su cara. Te quedas pensando…y vienen a la mente posibles formas de morir a la edad de 26 años…pero la muerte súbita no es una de ellas. A partir de ese momento, de saber cómo ha sido, de ver cómo la crueldad de la naturaleza aparece por donde menos te lo esperas empiezas a recordar esos momentos en los que estabas con esa persona. Y te sorprendes, la verdad es que te sorprendes. No has pensado en él en los últimos 10 años, sin embargo el subconsciente lo ha retenido ahí, lo ha congelado en tu memoria y de pronto lo ves en excursiones, en el patio, con un ojo tapado con un parche, en las cenas de antiguos compañeros…recuerdas incluso que tenia una hermana y hasta la cara de su madre. Piensas en cómo habrán encajado la situación, mal supongo, claro. Y ahora paro el coche para comer con mi familia, cosa que José Luis no volverá a hacer y me hago consciente de lo débil que es la vida y de lo fuerte que es la memoria. A la vez que siento que nosotros, los compañeros, hemos perdido con él un trocito de nuestra infancia y él ha ganado fuerza en los corazones de los que tenemos la suerte de seguir vivos.

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