Cuando mueres pero lates. (#cajas olvidadas)


A mi tío Ele, que falleció hace dos noches y que incluso con 92 años y muerto seguía siendo elegante.

Un día, tras una noche de pesadillas, te despiertas y extrañas tu cama. No sabes como has llegado hasta ahí, pero estás donde estás y eso no puedes cambiarlo. Te incorporas en la cama y luego te pones en pie. Vas descalzo y buscas algo que separe tus piel del suelo. Frente a ti hay dos trozos de algo similar a la felpa, del tamaño perfecto para poder caminar con ellos, además tienen un hueco por el que meter los dedos, qué casualidad, piensas. Caminas buscando un baño y por el pasillo te cruzas a una señora que te dice buenos dias, respondes, por cortesía: -buenos dias señora. Ella te responde con una sonrisa. No le sorprende tu respuesta porque siempre has sido amable y divertido. Tú sigues sin entender nada. Llegas al baño y te miras al espejo. Eres un viejo aunque no quieras creerlo, -estoy quizá soñando-, piensas, -debo estar soñando con el futuro-. De nuevo te equivocas. Tu pesadillas es tan real como la vida misma y aunque te pellizcas cada vez más fuerte no logras despertar.

Pasan los dias y no comprendes nada, ya conoces bien la casa pero sigues sin entender lo que pintas en ella. Es mejor no decir nada, parece que los demás sí que te conocen. Saben lo que te gusta para comer, te llaman por tu nombre y hasta te besan y abrazan de vez en cuando. No se está tan mal dentro de lo que cabe. Intentas hilar las cosas y pides un álbum de fotos, quizá te diste un golpe y por eso no recuerdas nada, tampoco quieres decirles que no sabes quienes son para no ofender.

Es verdad, te conocen. Ese de las fotos eres tú, el del álbum, el que celebra su boda, el que besa a ese bebé que deduces, es tu hija. Pero tú no tienes recuerdos de esos momentos. ¿Dónde están? Qué frustrante es buscar en las cajas de la memoria y no encontrar absolutamente nada. Revuelves todo el desván de tu mente, lleno de las cajas que has ido completando toda tu vida y ahora te encuentras simplemente con que están vacías. Todo ha perdido el sentido y en un momento de lucidez recuerdas que a tu madre le pasó lo mismo. No puedes evitar sentir pena, pena por ti mismo, que has perdido todo aquello que te hizo feliz, lo que te convirtió en lo que llegaste a ser y pena por los demás, porque aunque no lo sepan ya los has abandonado.

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