Cumpleaños, cumpleausencias

Es la primera vez en siete años que me despierto el día de mi cumpleaños sin compañía en la cama. No vayáis a pensar mal, siempre era el mismo. Pero se hace raro. También es el primer año que a pesar de despertarme con el móvil lleno de whatsapps, smss y llamadas perdidas no espero la de mi tía abuela. En realidad sí que la espero, por costumbre, pero no va a llegar.

Mi tia abuela falleció hace más o menos un mes. Ella siempre me llamaba dos veces al año: una por mi santo y otra por mi cumpleaños, y siempre me preguntaba lo mismo: “¿Qué tal el trabajo? ¿y tu amado?” por ese orden. Tu “amado” decía, qué curioso, era como volver a la edad media, si en vez de un teléfono me lo hubiera preguntado a través de una carta a pluma hubiera dado el pego.

Pero no, este año no llamará y menos mal, porque no sabría cómo explicarle que ya no hay amado. Qué casualidades más tontas nos depara la vida…

Siempre he esperado este día con una ilusión especial y siempre montando grandes fiestas, pero esta vez, no sé si es por esas ausencias que os comento en el post…no me hace ninguna gracia que sea 22 de septiembre.

¡Al menos mi madre me ha prometido gazpacho manchego! #HayQueVerElLadoBueno

 

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